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El cielo es azul, la tierra blanca

Las estrellas de la constelación de Orión brillaban en el cielo. Eché andar en línea recta, a paso ligero. Durante el paseo entré en calor. Un perro me ladró desde algún lugar y estuve a punto de romper a llorar otra vez. Estaba cerca de cumplir los cuarenta, pero me comportaba como una niña. Caminaba como los niños, balanceando los brazos de forma exagerada, dando puntapiés  a las latas vacías que encontraba en medio de la calle y arrancando los hierbajos que crecían en el margen de la acera. Me crucé con unas cuantas bicicletas que venían de la estación. Estuve a punto de chocar con una que no llevaba la luz encendida, y me sentí furiosa. Las lágrimas volvieron a nublarme la vista. tenía ganas de sentarme y llorar silencio, pero como hacía mucho frío seguí caminando.

Había retrocedido en el tiempo y volvía a ser una niña. Llegué a la parada del autobús y estuve diez minutos esperando, hasta que comprobé el horario y me di cuenta de que el último ya había pasado. Me sentí aún más desamparada. Empecé a golpear el suelo con los pies, pero no conseguí entrar en calor. Un adulto sabría que hacer para no pasar frío, pero los niños como yo no teníamos ni idea.

El cielo es azul, la tierra blanca. Hiromi Kawakami

Nací temprano un 15 de enero de hace unos cuántos años, tantos que era 1980. Nací y crecí en Pamplona y jugando, imaginando y dibujando llegué hasta la Facultad de Bellas Artes de Bilbao donde me licencié. Hace poco he acabado un máster de diseño gráfico y web. Siempre me ha gustado crear tanto en la pintura como en la escritura y siempre me ha atraído el arte y el mundo oriental.
Y por eso aquí sigo creando, escribiendo, viviendo.

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