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El Arte en cualquier parte

Año Nuevo. Estupor y temblores. Amélie Nothomb

 

En este, mi último artículo del año, miro, como Jano bifronte, a un lado y al otro, con mis dos caras estoy ante las puertas de finales y comienzos.

 

Año Nuevo: tres días de descanso ritual y obligatorio. Semejante farniente tiene algo traumatico para los japoneses.

A las seis y media, regresé por última vez al Carmelo. Los servicios de señoras estaban vacíos. la fealdad de la iluminación de neón no impidió que se me encogiera el corazón: siete meses-¿de mi vida?, no; de mi tiempo sobre este planeta- habían transcurrido allí. No había motivos para la nostalgia. Y, sin embargo, se me hizo un nudo en la garganta.

Instintivamente, me dirigí hacia la ventana. Pegué mi frente contra el cristal y enseguida supe que lo echaría de menos: no todo el mundo tenía el privilegio de dominar la ciudad desde lo alto del piso cuarenta y cuatro.

La ventana era la frontera entre la terrible luz y la admirable oscuridad, entre los retretes y el infinito, entre lo higiénico y lo imposible de lavar, entre la cadena del wáter y el cielo. Mientras existieran ventanas, el más débil de los humanos tendría su parte de libertad.

Por última vez, me lancé al vacío. Miraba cómo mi cuerpo caía.

Cuando hube saciado mi sed de defenestración, abandoné el edificio Yumimoto. Nunca me volvieron a ver.

Estupor y Temblores. Amélie Nothomb

Nací temprano un 15 de enero de hace unos cuántos años, tantos que era 1980. Nací y crecí en Pamplona y jugando, imaginando y dibujando llegué hasta la Facultad de Bellas Artes de Bilbao donde me licencié. Hace poco he acabado un máster de diseño gráfico y web. Siempre me ha gustado crear tanto en la pintura como en la escritura y siempre me ha atraído el arte y el mundo oriental.
Y por eso aquí sigo creando, escribiendo, viviendo.

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