Lo último

Artes

Impresiones del país del sur (南國印象)

Humor desde el sur de Taiwán: The Great Buddah +

Una película en taiwanés que aúna humor local y una mirada distanciada sobre la vida en el sur del país

¿La renovación del cine taiwanés puede venir en forma de comedia? Gran triunfadora del último Taipei Film Festival y ganadora de cinco Caballos de oro (entre ellos, al mejor director novel y al mejor guión adaptado), The Great Buddah + (大佛普拉斯, 2017)1 rompe con muchos de los clichés del cine de Taiwán de la última década. El primer largometraje de ficción de Huang Hsin-yao 黃信堯, hasta ahora conocido por sus documentales, resiste a la rígida distinción entre cine de autor y cine comercial que caracteriza al cine más reciente del país. The Great Buddah + no se pliega a la gratuidad de la comedia popular al uso ni se abandona a las vacías exhibiciones de estilo de muchos jóvenes –y no tan jóvenes– cineastas. La película logra algo difícil: combinar un sentido del humor exageradamente local con una mirada distanciada e inteligible para cualquier espectador no taiwanés.

Filmada en blanco y negro, con muy puntuales notas de color, la película se ambienta en algún lugar del sur rural de Taiwán. De su localización dan cuenta los paisajes, pero sobre todo el idioma: el film se nutre de la espontaneidad y el humor del taiwanés (variedad del minnanés, originario de la provincia china de Fujian). The Great Buddah + juega con la dimensión más popular de esta lengua, aquella que muchos taipeitas no dudarán en tildar de “vulgar”. Pero no lo hace para convertirla en objeto de burla, como suele ocurrir en las comedias costumbristas. La lengua rinde homenaje al candor de los personajes a la vez que expresa algunas de las contradicciones y dificultades su modo de vida. No en vano el taiwanés es la lengua cotidiana de mucha gente sencilla, campesinos y obreros, aunque también tiene una preciosa tradición culta en su ópera, teatro y poesía y, gracias a las películas de Hou Hsiao-hsien 侯孝賢 o de Wu Nien-jen 吳念真, en su cine.

Suspense por accidente

Cartel de la película The Great Buddah +

El programa dramático de The Great Buddah + es sencillo: Ombliguillo 肚財 (interpretado por el actor Bamboo Chen Chu-sheng 陳竹昇) es un joven marginal que se gana la vida recogiendo plástico, papel, botellas y otros objetos reciclables. Con frecuencia visita a su amigo Rabanillo 菜埔 (Cres Chuang 莊益增), que trabaja como vigilante nocturno en un taller de estatuas de Buda de bronce. Para pasar el rato, se dedican a ver los videos grabados por la cámara del coche del dueño del taller (interpretado por el también cineasta Leon Dai 戴立忍). El mundo de la infraclase, representada por los dos amigos, se cruza así con el del rico patrón y sus influyentes contactos políticos. The Great Buddah + es también una sátira del poder local y su corrupción.

En Taiwán, los coches suele llevar cámaras delanteras y traseras que graban cada trayecto para servirse en caso de accidente. Parásitos de un mundo obsesionado por la vigilancia y el control, los dos protagonistas pasan sus noches ante el monitor, indagando en los archivos audiovisuales del patrón. Lo que les interesa no es tanto la imagen (en la que no vemos más que el desfilar interminable de carreteras provincianas) como el sonido: lo que ocurre dentro del coche, es decir, detrás de la cámara. Y es que el éxito social del patrón se traduce en una activa vida sexual por la que conduce con frecuencia a love hotels y otros lugares discretos.

En una fusión tan acertada como banal de Blow Up (Michelangelo Antonioni, 1966) y de su remake sonoro Blow Out (Brian de Palma, 1981), The Great Buddah + se convierte en una película de supense por accidente. La tensión dramática llega tarde y, además, el cineasta se encarga de no convertir el hallazgo audiovisual de los personajes en material de un inesperado giro dramático. Al contrario, el tempo de la primera hora del film se mantiene hasta el final: pausado y monótono como la vida de los propios personajes, cuya pulsión voyerista carece de la libido o la fantasía necesarias para transformarlos en justicieros de último minuto.

La canción con la que se cierra el film, por la que también ha ganado un Caballo de oro el cantautor de Kaohsiung Lin Sheng Xiang 林生祥, da cuenta del tono general de la película, a la vez que nos permite apreciar la belleza melódica del idioma taiwanés:

Parsimoniosa e indiferente, la película nos ofrece con la distancia adecuada una visión tan comprensiva como desencantada de la vida en el sur de Taiwán. Los planos secuencia y el blanco y negro se acompañan de una narración en off que, también en taiwanés, presenta y comenta las peripecias de los personajes. El recurso a esta lengua crea cierta complicidad entre imágenes y personajes. Se alcanza así un delicado equilibrio en el que reside buena parte del mérito del film. Pese a que tanto los protagonistas marginales como los poderosos corruptos se entregan con frecuencia a una autocomplacencia soez, la película mantiene en todo momento su distancia. También nos propone, de vez en cuando, pequeñas digresiones cargadas de lirismo, como la panorámica sobre los campos de cultivo que anuncia la conclusión.

Un film en ruptura con su generación

La última generación de cineastas de Taiwán, la de los años 2000, ha sufrido los efectos de una carencia crónica de proyección internacional y de la indiferencia del público local. Paralizados por una distinción demasiado forzada entre cine de arte y ensayo y cine popular, los cineastas más jóvenes han tenido también que hacer frente a las dificultades endémicas del sistema local de producción. Incluso a cineastas consagrados les resulta cada vez más difícil producir sus películas. Es el caso, por ejemplo, de Tsai Ming-liang 蔡明亮, que tras su magistral Stray Dogs (郊遊, 2013) ha anunciado que se limitará a hacer videoarte et instalaciones.

Se da además la extraña coincidencia de que los mejores cineastas taiwaneses no han nacido en el país. Tanto Hou Hsiao-hsien como Edward Yang 楊德昌 nacieron en China, aunque ambos se desplazaron siendo muy niños a Taiwán. Tsai, por su parte, es malasio, y nunca ha renegado de sus orígenes. El único cineasta reconocido de los últimos años, Midi Z 趙德胤, que emigró a Taiwán a los 18 años, ambienta todas sus películas en su Birmania natal. A Taiwán le ha faltado la aparición de un cine “nativo” capaz de dar cuenta de las profundas transformaciones de la sociedad y la cultura taiwanesas en estos últimos veinte años.

En este sentido, The Great Buddah + viene a cubrir un vacío. Además del actor y director Leon Dai, que interpreta al personaje del patrón, en el film colabora como director de fotografía un conocido cineasta, Chung Mong-hong 鍾孟宏. Las películas de Chung son correctas e interesantes, pero les cuesta destacar. Sus “buenas intenciones” en el terreno estético le lleva a menudo a reproducir los tópicos del cine de festivales, que el público general no entiende y que aburre a los cinéfilos. Su presencia en The Great Buddah + es tanto más paradójica cuanto que, lejos de confirmar la existencia de una nueva generación, la película de Huang Hsin-yao rompe con muchos de los defectos de sus contemporáneos.

En cierto modo, The Great Buddah + pone en jaque algunas de las concepciones más arraigadas en el cine reciente de Taiwán. En el mes y medio que lleva en cartel, el film se ha convertido en un éxito comercial atípico para una producción tan modesta. No por ello deja de ser un film ambicioso en lo poético que anuncia, además, la posible irrupción de un cineasta mayor. Desde luego, no es casualidad que esta acertada combinación de talento cinematográfico y reivindicación del humor local venga de un director cuya carrera se ha desarrollado en el ámbito del documental.


1 El “+” del título se explica por el hecho de que la película existió primero en forma de cortometraje. El cineasta hizo circular The Great Buddah (大佛, 2014) con el fin de conseguir la financiación necesaria para el largo.

H. G. Castaño

H. G. Castaño escribe regularmente sobre cine en El Cuaderno, en nonfiction.fr y en su propio blog Nubes en el tragaluz. Además de interesarse por el cine y la cultura asiáticos, investiga en los dominios de la estética, la teoría de la traducción y la filosofía transcultural.