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Demografía y economía I, El Periodo Meiji.

Vista de Takanawa Ushimachi bajo una luna envuelta, Kobayashi Kiyochika, 1879.

La demografía es un elemento fundamental en el desarrollo de las sociedades, desde el crecimiento económico hasta las políticas gubernamentales están sujetas al desarrollo de los individuos que componen el “contrato social” al que hace referencia Hobbes en su obra cumbre “El Leviatán”. Dedicaremos una serie de artículos a analizar cuestiones demográficas del país del sol naciente, esperamos que este breve paseo por algunos datos de interés sirva para conocer, al menos de forma superficial, los desafíos a los que se enfrenta el país.

Durante los primeros años del periodo Meiji se procedió a la eliminación del antiguo sistema de castas del país, así como la liberalización de la tierra, este hecho permitió que el grueso de la población (de entornos rurales y en condiciones similares al vasallaje medieval europeo), estrechamente vinculada al trabajo del campo, tuviera la oportunidad de cambiar su principal medio de subsistencia. Este proceso llevó a un amplio contingente del sector agrícola a aventurarse en las ciudades buscando mejores oportunidades para vivir, lo que los convirtió en potenciales empleados de las industrias que empezaron a emerger por todo el país. La nueva tributación puesta en marcha permitía, tanto a los agricultores como a las villas, pagar sus impuestos en capital eliminando el tributo en especie, de esta manera, se pone en marcha una dinamización del campo que ahora no tendrá que emplear tanta fuerza de trabajo para pagar sus impuestos.

Fabrica de kimonos Toyobo, Osaka 1910.

Los historiadores creen que el campo pierde casi un millón de personas entre 1870 y 1890, lo que concuerda con las cifras de los economistas que apuntan a la caída de la recaudación a nivel nacional pese a la creciente demografía, la cual indica un crecimiento de la población. El principal motor del país a principios de la restauración, es el campo que, paulatinamente, se ve sometido a una fuerte carga impositiva con casi ninguna inversión estatal ya que se convierte en la fuente de extracción de recursos para la inversión industrial del país.

La primera crisis económica de Japón de 1890, coincide con los primeros cálculos sobre demografía moderna que indican que el país empieza a experimentar un crecimiento de población muy por encima de sus vecinos, siendo un caso único en Asia, lo que permitirá, superada la crisis económica e iniciadas las primeras inversiones privadas a gran escala, tener una fuerza de trabajo amplia y dispuesta a trabajar en condiciones de bajos salarios.

Pero no todo fueron desventajas en lo que a la emergente clase obrera japonesa se refiere. A diferencia de otros procesos de industrialización del siglo XIX, el gobierno japonés entendió que, para mantener los niveles de cohesión social, era fundamental hacer inversiones en la población que garantizasen, por un lado, apoyo a las nuevas políticas del gobierno, y por otro, evito al país caer en un cuello de botella por falta de profesionales en el ámbito industrial. La escolarización obligatoria, la ampliación del acceso a los estudios superiores y el fomento de becas a los estudiantes más brillantes para seguir sus estudios en el extranjero permitieron que la naciente industria tuviera, a parte de una mano de obra asalariada de bajo coste amplia y dócil, una serie de mandos medios perfectamente capacitados en las labores mecánicas y mandos superiores preparados para responder a las necesidades de las inversiones.

El fracaso de los procesos industriales en otros países también pasa por el adormecimiento del tejido industrial. Muchos de los emergentes empresarios se encuentran cómodos con medidas arancelarias que los benefician, y en lugar de aumentar la inversión, prefieren amasar capitales. El empresario japonés busca ampliar su base comercial al tiempo que invierte en infraestructura y tecnología para su negocio, lo que amplía las necesidades de contratación aliviadas por una demografía expansiva. La lucha entre ellos por copar el mercado, en clara desventaja en los casos de la pequeña y mediana industria textil frente a los Zaibatsus que controlan la industria pesada, no hacen más que incentivar el espíritu japonés llevando las producciones a niveles muy por encima de sus homólogos europeos y permitiendo al país a cambiar la balanza comercial a finales del periodo Meiji.

Astilleros Mitsubishi en Nagasaki, postal dibujada de acorazado Akitsushima, botado en 1894, postal de 1905.

Los datos de la demografía nacional a finales de 1880 nos revelan que Japón tiene una población cercana a los 30 millones de habitantes, de los cuales casi el 80% vive en el campo y el 70% se emplea en las labores agrícolas. Para finales del periodo Meiji la población ya había rebasado los 50 millones de habitantes con una tasa de ocupación en el campo del 63%. La pérdida de población en el campo generó una crisis fiscal pero impulsò al gobierno a crear políticas dirigidas a la mejoras de las producciones y al aumento de las mismas abordando la parte biológica y no la técnica (el progreso industrial estadounidense se debe a la falta de mano de obra en su expansión hacia el oeste) que de haber optado por un modelo de simple transvase tecnológico, hubiera arrasado las estructuras sociales del país debido a la mano de obra disponible.

Las inversiones estatales en seguridad, sanidad y educación empiezan a rendir sus frutos a principios del siglo XX con un repunte en la esperanza de vida nacional, la bajada de la mortalidad infantil y el aumento de la estatura de sus ciudadanos (1,60 cm en 1903) lo que lleva a una expansión en la demografía del país.

Pese a todo esto el país no fue ajeno a la conflictividad social, la apertura de la Dieta Imperial y la ley electoral aprobada en 1890 dejaba fuera del censo al 99% de la población del país y casi de inmediato se pone en marcha un movimiento por el derecho al voto que rinde sus frutos en 1897 con la ampliación del censo electoral bajando de 15 yen a 10 yen el límite de contribución. Muchos de los procesos electorales hasta se saldan con enfrentamientos callejeros y muertes de electores lo que impulsa una legislación mucho más restrictiva en el orden público naciendo de esta forma las “leyes de preservación de la seguridad” durante los gabinetes de Ito Hirobumi y Yamagata Arimoto.

Sin duda la mayor época de conflictividad social del país llega con la declaración de guerra de Japón al imperio ruso, la guerra ruso-japonesa (1904-1905) pone en entredicho mucho del programa social del gobierno. Someter a la población a una política de guerra pone, incluso a la prensa oficialista, contra las cuerdas al ver que el conflicto se alarga y no hay visos de solución. Las protestas se generalizan por todo el país siendo los hechos en el parque de Hibiya en Tokio, entre el 5 y 7 de septiembre de 1905, los más importantes hasta la fecha, que se saldan con 17 muertos, 15 tranvías destruidos, ataques a periódicos pro-gubernamentales, el 70% de las cabinas de policía destruidas y más de 311 arrestos además de la expansión de la violencia a ciudades como Yokohama o Kobe.

Ilustración sobre los disturbios en el parque Hibiya, 5 septiembre 1905.

Estos episodios de violencia se van a ir incrementando conforme avance el tiempo y tendrán detonantes de todo tipo, por ejemplo, las protestas en marzo y septiembre de 1906 contra el incremento de las tarifas del tranvía o los incrementos de los impuestos en febrero de 1908. Estos eventos nos permiten ver que el avance hacia la occidentalización del país también trae los conflictos presentes en occidente, cuyo nacimiento no es otro que la sociedad industrial y los cambios en la demografía nacional. Los japoneses y su conciencia política empiezan a despertar en torno al nuevo milenio y no será hasta que la amenaza militarista de los años 20 y la toma del poder por parte de esta en los años 30, elimine por completo la lucha social en las calles y deje solo reductos en la clandestinidad sin apenas fuerza real.

Esperamos que esta breve introducción a cuestiones demográficas ligadas con la industria y la economía os sean de utilidad, el próximo mes avanzaremos más en el tiempo y comentaremos estos temas en un marco temporal diferente.

Para saber más:

 

Alejandro Varón Vásquez

Graduado en Historia por la Universidad Complutense de Madrid, su actividad académica gira entorno a los estudios modernos y contemporáneos de Asia Oriental siendo Japón su principal campo de investigación en el que trabaja actualmente.

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