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¿Escuela china para tu niño? – II

En el artículo anterior acerca de la decisión de meter a tu niño a una escuela china, abordé el tema básico de los costos. En esta ocasión tomaré el tema de las particularidades culturales y de qué esperar en una pre-primaria china.

Primeramente, si deseas que tu niño aprenda chino lo mejor posible, la opción es obvia, hay que ponerlo en una escuela china, o sea no de las de currículum internacional que casi todas las clases son en inglés. En una escuela china, el 90% de las clases son en mandarín y el tiempo restante lo ocupan para aprender palabras o frases sencillas en inglés, que está siempre presente durante toda la educación básica y media básica.

A continuación presentaré una serie de fotos y explicaciones culturales. Las fotos están tomadas en la pre-primaria de mi niña (edades de 3 a 5) y son más o menos típicas de una escuela china privada, en el rango de los 2500 RMB (300 euros) mensuales, en las provincias donde está concentrada la gran mayoría de los occidentales en China: Beijing-Tianjin, Zhejiang, Jiangsu y Guangdong. En estas escuelas, de alrededor de 250 niños, es común encontrar algunos niños extranjeros. En ésta en particular está mi niña, una niña egipcia y un niño holandés.

Puerta principal

Antes que nada, las instalaciones son enormes, limpias y bastante seguras. El personal incluye dos ó tres guardias en la puerta y dos maestras por cada salón de 15-18 niños, que los están monitoreando constantemente. Las escuelas más modernas como ésta, tienen una tarjeta RFID para la persona que lleva y recoge al niño, y debe pasar por un lector electrónico a la puerta. Los guardias normalmente se saben de memoria el nombre de todos los niños y de ninguna forma los dejan salir si la persona adulta no está con ellos. Además, hay un par de médicos sentados en la puerta viendo que los niños no tengan inflamaciones que puedan ser una infección, y una vez que les ven la garganta, les dan una ficha verde que luego el niño pone a la entrada de su salón.

Edificio de salones de clase (3 pisos)

Patio de juegos

Lector de identificaciones a la entrada, y revisión de garganta.

Ahora bien, notará que he dicho “la persona que lleva al niño” ó “la persona adulta”. Esta persona es generalmente uno de los abuelos, que en China son quienes se hacen cargo de la crianza de los niños. Como soy un obsesivo y me pongo a contar todo, he llegado a este número: por cada madre ó padre que lleva al niño, hay 8 ó 9 abuelos que lo hacen (en bicicleta ó en moto, porque todos son unos cracks). Esto es muy tradicional en la cultura china (lo de los abuelos, no lo de las motos) pero además es un relejo de la vida moderna en la que es común que ambos padres trabajen y no tengan el tiempo de ir y venir a la escuela todos los días.

Segundo: los horarios. Aún para pre-primaria, el horario es de 8:15 am hasta las 4:30 pm. La colegiatura incluye la comida de mediodía todos los días, que dicho sea de paso es bastante abundante y sí, incluye vegetales que a veces en casa se rehúsan a comer, pero que las maestras se afanan en que terminen. Otra característica de este horario es que después de la comida (11:45) toman una siesta de una hora y cuarto. Cada dos salones de clase tienen asignados un dormitorio:

así, es común ver cada dos semanas a los abuelos llevándose las sábanas de regreso a su casa para lavarlas durante el fin de semana y regresarlas limpias al siguiente lunes.

Otra cosa que es fundamental para los chinos es la idea de estar tomando agua todo el día. En mis tiempos de primaria, si te daba sed tomabas de la llave del baño ó usabas el dinero de mamá para comprar algo en la tienda de al lado, pero aquí ni pensarlo: todos los niños llevan su termo con agua (tibia, por supuesto, nunca fría):

además de que cada salón tiene un dispensador adicional por si se les acaba:

Esas cosas que se ven ahí no son toallas, por cierto. Son una especie de mantita especial para ponérsela al niño en la espalda, bajo la ropa; de modo que si suda mucho con todo el correr y brincar de un niño típico, el sudor se quede ahí y no moje su ropa demasiado.

Y bien, después de todo esto, ¿qué tal las actividades que realizan? Pues bien, los salones son muy amplios y tienen lo que cabría esperar de un salón para niños de esa edad, como juguetes de construcción, implementos de dibujo y otras manualidades:

Pero además de eso hay clases de ajedrez chino (sí, a los 4-5 años), carpintería muy básica y sin herramientas peligrosas, y sobre todo una gran variedad de “estaciones de juego”:

que incluyen uniformes, donde los niños aprenden a jugar a los bomberos, policías y otras profesiones; y además aprenden las interacciones típicas de la vida diaria haciendo simulaciones en restaurantes, tiendas, hospitales y otras más.

Y por supuesto, con la tradición agrícola china, no puede faltar que cada salón tenga su propio jardín, que los niños plantan y cuidan:

Desde luego, no todo es idílico. El otro día, de regreso de la escuela a casa, mi niña iba sentada tras de mí en su silla de la bicicleta, cantando. No le iba yo haciendo mucho caso, hasta que me llamó la atención algo en la letra que cantaba: una canción anti-japonesa de los 80s. Me detuve en seco y le pregunté que de dónde había sacado esa canción, me respondió que la aprendió en la escuela. Así que me puse a explicarle un buen rato que esa canción no debía cantarla y además a decirle de todas las cosas japonesas que le encantan, como Hello Kitty, Hatsune Miku, el tigre Qiaohu o Pokemón. No la ha vuelto a cantar, pero sigo al pendiente.

Cada vez que la recojo por la tarde, me tiene alguna novedad acerca de las manualidades ó los juegos que aprendió, además de las tareas que generalmente involucran que los padres tengan una pequeña actividad en casa. Lo más común es que tenga que entregar al día siguiente un papel en el que ella haya dibujado un cuento y los padres la hayan ayudado a escribirlo. Una de las cosas que resaltan mucho las escuelas modernas es la enseñanza de las reglas de civilidad. Más de una vez he visto a niños pequeños decir a sus padres que no se crucen la calle estando la luz en rojo. Sin ir más lejos, hoy en la mañana había sólo una doctora haciendo las revisiones, de modo que se formó una cola larga de niños esperando a abrir la boca. Una señora que iba con su nieto lo intentó meter al principio de la fila, pero el niño se rehusó. “No, abuela, todos mis amigos están haciendo fila y yo también debo hacerla.”

Nací en Monterrey, México, y estudié ingeniería y música aunque parezca estrambótico. En 1991 empecé a estudiar artes marciales y fue tanto el amor que me llevó a China en el 2000. Creí que venía por seis meses, pero fui aprendiendo el idioma y luego estudiando en el Centro Internacional Wan Lin Jiang de Economía y Finanzas. Al final terminé siendo profesor de economía, historia y kung fu (¡!) para extranjeros en la Universidad de Zhejiang, en la ciudad de Hangzhou. Mi interés siempre ha sido la educación y la divulgación entre China e Hispanoamérica, lo que me ha llevado a traducir libros clásicos chinos al español y ser tutor de negocios para gente que viene a estudiar a esta hermosa e inabarcable nación.

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