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Wen Hai y el movimiento obrero

Un documental sobre la vida de los sindicalistas de Guangdong

Si hay un terreno en el que el cine chino contemporáneo se haya vuelto imprescindible, se trata sin duda del documental. Al margen de la industria y sin la presión de la censura, las películas de Wang Bing 王兵 o Zhao Liang 趙亮 son algunas de las mayores contribuciones del cine chino al cine mundial de las dos últimas décadas. We the Workers  (凶年之畔, 2017), la última película de Huang Wenhai 黃文海 (nacido en 1971, también conocido como Wen Hai) confirma la importancia del cine documental a la hora de acercarnos a China y sus habitantes. We the Workers nos permite descubrir el estado de conciencia de los trabajadores en China y las dificultades a las que se enfrentan las organizaciones obreras.

Filmada entre 2009 y 2015, la película sigue a un grupo de activistas sindicales de la provincia de Guangdong, en el sur de China. El precio que pagan por su militancia es alto: al acoso, las palizas y los encarcelamientos se suma una fuerte presión social que lleva a muchos a perder a sus familias. Pero el retrato individual de estos activistas no se entiende sin las organizaciones en las que militan. Es el caso del Centro de trabajadores migrantes de Panyu (廣東番禹打工族服務部, creado en 1998 y cerrado poco después de terminar el rodaje), una de las asociaciones cuyo trabajo documenta la película. Liderado por un abogado laboralista, Zeng Feiyang 曾飛洋 (arrestado en 2015 y condenado a tres años de prisión condicional), el Centro de Panyu estaba formado por inmigrantes del campo que, tras descubrir la dura realidad del mundo industrial, habían decidido abandonar sus sueños de prosperidad y dedicar sus vidas a ayudar a otros obreros migrantes.

Organizados en agrupaciones pequeñas y en los márgenes de la legalidad, estos activistas siguen de cerca las luchas y asesoran a los obreros en materia de seguridad y derechos laborales. Les explican estrategias para evitar conflictos directos que justifiquen la intervención de la policía y ponen a su disposición herramientas legales para forzar la negociación. Insistiendo en la protección formal de los derechos laborales en China, los sindicalistas se apoyan en los pocos recursos que el sistema les deja para contribuir a la mejora de las condiciones de vida de los trabajadores. La realidad que descubrimos, sin embargo, es la de la corrupción sistémica del modelo industrial chino. El único sindicato oficial trabaja al servicio del Estado y de los empleadores. En teoría son las autoridades gubernamentales las que “median” en los conflictos, pero esta “mediación” es a menudo demasiado lucrativa para ser honesta, lo que en muchas ocasiones lleva a los funcionarios a alimentar los conflictos sabiendo que los obreros están completamente a su merced. Una situación de la que se benefician las industrias europeas, americanas, japonesas, coreanas o taiwanesas, en un país en el que la represión de los conflictos laborales forma parte de las garantías para los inversores. Cuando no es la policía, son grupos parapoliciales o mafiosos los que hacen el trabajo sucio.

Fotograma de We the Workers. La imagen recrea la paliza recibida por un militante que ha ayudado a los huelguistas de la fábrica de Zhongshan Cuiheng, en la provincia de Guangdong.

Sacrificarlo todo por una causa que parece perdida de antemano acerca a los personajes del film de los “peticionarios” de un documental indispensable, Petition (上訪, 2009), de Zhao Liang. Los peticionarios dedican largos años de su vida a solicitar una reparación oficial del gobierno central de faltas cometidas por funcionarios locales. El deseo de justicia se convierte en la única razón de su existencia, aún cuando saben que la injusticia y la violencia arbitraria del poder son la norma. Pero frente a la impotencia de los peticionarios, que recuerda a la parábola kafkiana Ante la ley (Vor dem Gesetz, 1915), los sindicalistas de We the Workers se las ingenian para lograr resultados y esquivar la presión policial. Por este motivo la película adquiere un tono moderadamente optimista que impregna, por ejemplo, los discursos de una fiesta tras el triunfo de los obreros de Lide, que tras tres jornadas de huelga y una ocupación de fábricas obtuvieron un acuerdo histórico con la empresa. La Canción de la vida (生命之歌) que el músico obrerista Sun Heng 孫恆 interpreta en una reunión con obreros de Shenzhen, incide en este tono esperanzador.

Pero We the Workers no cesa de poner el heroísmo de estos activistas en contraste con la fragilidad real de su movimiento. Existen pocos momentos de épica en el film, apenas algunos discursos que hablan del sueño de la democracia, de una sociedad civil fuerte o de una justicia al servicio de la ley y no de los poderosos. Las palabras de Duan Yi 段毅, célebre abogado laboralista chino, dan fuerzas a unos sindicalistas cuya resistencia se ve continuamente mermada por el acoso al que están sometidos. Si Wen Hai hubiera filmado un año más, es posible que We the Workers se hubiese convertido en la historia de una derrota. Poco después de terminar de grabar, una ola de represión llevó a buena parte de los protagonistas del film a la cárcel. El propio cineasta decidió instalarse en Hong Kong para evitar represalias.

La película también aborda algunas de las debilidades ideológicas de estos activistas. Por ejemplo, la manera en que relegan a las mujeres al rol de simples esposas de combatientes que, en ocasiones, son capaces de luchar “como hombres”. Frente a ello, el cineasta insiste en la lucha de las obreras chinas, como es el caso de una de las víctimas de la represión policial de una huelga de la fábrica japonesa de Zhongshan Cuiheng, que se negaba a pagar la seguridad social de sus empleadas. El testimonio de esta obrera da cuenta de la situación a la que se enfrentan muchas mujeres: víctima de la violencia policial, su patrón se aprovecha de su condición de madre soltera para hacer que el miedo al despido le impida reclamar sus derechos.

En sus casi tres horas de duración, We the Workers nos permite conocer el estado de este sindicalismo incipiente, sin cese desarticulado pero imparable (como lo indica el número creciente de huelgas), que se sirve de las redes sociales para dar una dimensión global a luchas concretas. Película militante y retrato íntimo de activistas, We the Workers es también un homenaje a la vida de los millones de obreros del campo que alimentan con su trabajo el desarrollo industrial chino. En sus momentos más contemplativos, el film confirma que las imágenes más bellas del cine chino de los últimos años se hacen con los medios más simples y en la clandestinidad.


Se puede ver la película en la plataforma VOD Universciné (con subtítulos en francés). Esperemos que pronto esté accesible en otras lenguas y en DVD.

H. G. Castaño

H. G. Castaño escribe regularmente sobre cine en El Cuaderno, en nonfiction.fr y en su propio blog Nubes en el tragaluz. Además de interesarse por el cine y la cultura asiáticos, investiga en los dominios de la estética, la teoría de la traducción y la filosofía transcultural.