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VUELVE A CASA, VUELVE, POR NAVIDAD

Crónicas navideñas desde un huso horario lejano

Atrapada en el tiempo.

Trayecto Macao-Hong Kong-Bangkok-Dubai-Madrid-Sevilla.

España. 20 de diciembre. Cuatro y media de la madrugada. Como todo expatriado en Asia pasando la Navidad en Europa, suelo despertarme hambrienta y mucho antes de que amanezca. Me asomo a Facebook y veo conectada a mi vecina, dando conversación y apoyo moral, desde Macao, a otro europeo de vacaciones, también con jet lag. No sé si ese inglés lo sabe, pero tomando melatonina, podríamos reprogramar nuestro reloj interno rápidamente. Como la escapada es breve, yo prefiero seguir fiel al horario macaense, aunque se me cierren los ojos tan temprano que corro el riesgo de no llegar a las uvas el día 31. No me preocupa cómo comience el 2017 aquí, sino cómo lo hará allá, después de las veintiocho horas del viaje de vuelta, por tierra, mar y aire.

Cuando volamos desde Hong Kong hasta España, de este a oeste, ganamos siete horas. Son muchas, pero no nos afectan tanto, como cuando viajamos de oeste a este, que se pierden. Por eso, si me acostumbrara ahora al horario español, el 3 de enero me parecería que mi despertador estaba tocando a las once y media de la noche, para que los niños fueran al cole de una de la madrugada a diez de la mañana. Cuatro horas antes, un sueño insoportable convertiría mi clase de cantonés, al amanecer, en un verdadero martirio chino.

Pesadilla antes de Navidad.

¿Ha valido la pena cruzar medio mundo para acabar arrastrándose como un zombi a partir de las siete de la tarde? Para mí, sí, porque, como buena emigrante española he sido cinematográfica y publicitariamente aleccionada, desde jovencita, para regresar a los brazos de mi familia (carnal, de preferencia) cada vez que llega la Navidad. Cuando no he podido hacerlo, he sentido un gran vacío, agravado por el hecho de residir en un lugar donde existe una visión tan diferente de esta celebración.

Hotel Grand Lisboa, Macao. Autor: Alicia Candón Morales.

Si obviamos las zonas y locales donde resulta evidente la influencia portuguesa, la Navidad que inunda las calles y los hoteles de Macao es, básicamente, una gran escenografía para turistas y locales: espectáculos de luces, video mapping, fuegos artificiales, mercadillos de artesanía y hasta causásicos disfrazados de Santa Claus, solicitadísimos para selfis; no falta casi de nada. Tan sólo lo más importante: un espíritu navideño auténtico, del que carece la mayor parte de la población de Macao.

Para cientos de miles  de residentes, en diciembre no hay más cenas de empresa, comidas familiares o reuniones con amigos de lo habitual. El omnipresente señor de rojo y barba blanca, difícilmente puede regalar ilusión a niños que no esperan regalos suyos. Tampoco hace falta enzarzarse en duras negociaciones por culpa de los parientes: “Nochebuena: ¿con mi madre o con la tuya y tu cuñado?”

El color del dinero

A lo que ni los chinos permanecen inmunes, es al bombardeo publicitario que nos vende esta época como la ideal para regalar, vestir mejor, oler maravillosamente o viajar. El capitalismo no conoce límites, ni fronteras.

Festival de Luz de Macao 2015. Largo do Senado. Autor: Alicia Candón Morales.

Ni siquiera en Navidad se disimula esa apología del consumismo feroz. En un lugar tan entregado al dios dinero como Macao, tan sólo se maquilla con bombillitas de colores y nieve de poliestireno expandido. O bien, con un hipnotizante espectáculo multimedia, diseñado para guiar nuestros pasos hacia los centros comerciales e iniciativas como el Macao Shopping Festival, que ya va por su sexta edición y basa su éxito en un gran fracaso por nuestra parte: nos han convencido de que la felicidad se puede comprar.

Hasta la decoración navideña de los hoteles y centros comerciales está diseñada para hacernos caer en la trampa. Según me cuenta una amiga, experta en diseño floral, reputados especialistas en Feng Shui son contratados regularmente para dictar las estrictas reglas que debe seguir la decoración, en cuanto a formas y colores, para atraer clientes y la buena fortuna.

El rojo omnipresente en el Año Nuevo Chino, puede ser ahora considerado incluso non grato. De ahí, la profusión de azules o plateados que se aprecia en ciertos locales. En todo caso, no debemos olvidar que lo que se quiere propiciar es el enriquecimiento de quien paga el servicio de asesoría, no el nuestro. Por eso, ante algo así, mi impulso sería: todo al rojo.

Algo para recordar.

Hubo un tiempo en que la Navidad era tan sólo la celebración del nacimiento de un niño peculiar, llamado Jesús. Esa tradición cristiana fue introducida en Macao por los misioneros que llegaron con los portugueses a partir del siglo XVI. Pronto se convirtió en una festividad característica de la minoritaria comunidad macaense y de los portugueses asentados en la región.

Los practicantes acudían a la misa del gallo en Nochebuena y se reunían con amigos y familiares para comer juntos e intercambiar sencillos regalos. Con el tiempo, fueron desarrollando sus propios rituales, debido a lejanía de la metrópolis. Las esposas llegadas de otras latitudes aportaron sus recetas y costumbres. Hong Kong, proveedor de carne para las fiestas, también les contagió algunas de sus tradiciones de origen británico.

Festival de Luz de Macao 2016. Largo do Senado. Autor: Alicia Candón Morales.

A diferencia de lo que sucede en la China continental, en Macao, debido a su legado portugués, los días 24 y 25 de diciembre siguen siendo festivos. La mayor parte de la población no hace nada especial; descansan, pasean, se hacen fotos para sus redes sociales o van de compras, porque los centros comerciales no cierran. Por una amiga sé que los filipinos, a veces se reúnen para cenar, pero le dan más importancia en ese sentido a la Nochevieja.

El 31 de diciembre es un día laborable, pero  los hoteles, bares y discotecas organizan fiestas al anochecer a las que, aparte de los extranjeros, cada vez acude más gente joven. Aunque el nuevo año gregoriano es recibido con fuegos artificiales, la bienvenida no es comparable a la que se le reserva al Año Nuevo Lunar, que, en 2017, tendrá inicio el día 28 de enero, el segundo festivo del año. El primero será el 1 de enero, día de la Fraternidad Universal, que a mí me pillará haciendo las maletas de nuevo, rumbo al Lejano Oriente.

Mujercitas.

La escuela de mis hijos es un excelente punto de encuentro con mujeres de muy diversos orígenes, cuya visión del mundo me ayuda a ir superando mi vergonzante eurocentrismo.

Una de ellas me contó que era muy pequeña cuando sus padres emigraron a Macao desde el Sur de China. Para hablar de sus primeras Navidades, tuvo que remontarse a los años en que cursaba primaria en un colegio chino-portugués. Nunca ha podido olvidar el Snoopy que le dieron y que se convirtió en su compañero inseparable. Su familia era muy humilde y ella apenas sabía lo que era recibir regalos. En su casa nunca pusieron el árbol, ni montaron un belén, pero sus padres le dejaban decorarla con motivos navideños que hacía a mano, imitando los que veía en su escuela.

Su historia me dejó un sabor agridulce, porque, en pleno siglo XXI, más del 60% de los adornos navideños de plástico que se comercializan en el mundo se fabrican, precisamente, en China y a mano. La verdadera ciudad de la Navidad, que más parece de Halloween, se llama Yiwu y no está en el Polo y poblada de elfos, sino a escasas horas de Shanghái, habitada por trabajadores explotados, que realizan su labor con escasas medidas de seguridad.

Recientemente hablé con otra madre procedente de China, que llegó a Macao con algunos años más. Tampoco celebra nada durante el mes de diciembre; sólo da apoyo a su hija en las actividades navideñas del colegio. Me confesó que siempre le había gustado la iluminación de las calles en esta época, aunque consideraba que últimamente se estaba exagerando un poco. Atraer a más turistas podría no ser una buena idea; a veces, no se puede ni andar por las calles, completamente atestadas.

Cuando le pregunté a una amiga de Hong Kong si había adoptado, de pequeña, alguna costumbre navideña de origen británico, me dijo, de forma contundente, que no, que la Navidad, para los chinos, era un evento turístico, nada más. Importante, como mucho, para los que profesaban el cristianismo, algo no siempre fácil, especialmente al otro lado de la frontera.

Se armó el belén.

Belén del Largo da Sé. Autor: Alicia Candón Morales.

Buscando un ejemplo que confirmara la artificialidad de esa Navidad para turistas de la que hablo, he recordado una escena a la que asistí en el Largo da Sé. Unos obreros habían descargado las figuras de un belén, como quien descarga las piezas de un armario de Ikea. A falta de manual de instrucciones, no acababan de decidirse acerca de dónde debían colocarlas. Recurriendo al chiste fácil, lo de montar un belén parecía sonarles a chino.

De otro nacimiento, me llamó la atención el rostro de la mula que debía calentar al niño Jesús con su aliento. Tal vez peque de mucha imaginación, pero aquel animal parecía el fruto prohibido de una noche loca de amor interracial entre una yegua china y, no sé, tal vez un canguro australiano. En fin, ya se sabe: What happens in Macao, stays in Macao.

Bromas aparte, se me vino a la mente a la representación de ciertos animales exóticos en las biblias y pergaminos medievales. Los ilustradores de la época nunca habían visto un león o un elefante; por eso, se dejaban llevar por antiguas y poco fiables descripciones. Ante aquella quimera navideña, no pude dejar de preguntarme si quien la había elaborado sabía lo que representaba. ¿Había visto alguna vez una mula?. ¿Dónde vivía? ¿En qué condiciones trabajaba?

Sonrisas y lágrimas.

A lo largo de nuestro primer año viviendo en la RAEM, 2014, nos fue imposible ahorrar los más de tres mil euros que costaban cuatro vuelos hasta Lisboa o Madrid durante las Navidades, temporada alta.  Tampoco es fácil, en China, que te den los días de vacaciones necesarios para que te compense el esfuerzo económico y físico que implica un viaje así.

Recuerdo que se me encogía el corazón cada vez que escuchaba la dichosa sintonía del turrón, con la que todos los españoles hemos crecido: “Vuelve a casa vuelve, vuelve a tu hogar / Hoy es nochebuena y mañana Dios dirá / Vuelve a casa, vuelve, por Navidad.  Llamadme masoquista, pero yo misma buscaba el anuncio de vez en cuando, en YouTube, para desahogarme.

Descartadas las vacaciones en la Península Ibérica, nuestra familia necesitaba una alternativa. Con nuestro presupuesto y tan pocos días de vacaciones, teníamos dos opciones principales. La más popular era curarse las heridas en una playa de Tailandia, Vietnam o Filipinas; la más tradicional, escaparse a un parque temático cercano y hacer piña con otras familias en la misma situación. Nosotros optamos por Disneylandia en Hong Kong y Nochevieja en Taipa con amigos, a la portuguesa.

Aplicación para tomar las doce uvas. Autor: Alicia Candón Morales.

Despedimos el año dándonos un atracón de buen marisco del Mercado Rojo, bastante barato, y tomándonos las doce uvas al ritmo de una cutre aplicación móvil. Aún eran las cinco de la tarde en la Puerta del Sol.  La única tradición que respetamos religiosamente fue la de ganar esos quilitos extra que pronto nos propondríamos perder a base de dieta y gimnasio. Un clásico del autoengaño.

Lo que aún no ha superado la parte española de nuestra ibérica familia es algo que nos tocará sufrir de nuevo este año, porque el 6 de enero es un día lectivo en Macao.

Esa madrugada, Melchor, Gaspar y Baltasar dejarán sus regalos a los pies de nuestro árbol. Mis hijos los abrirán en cuanto suene el despertador, a las 6:30 de la mañana. Lamentablemente, a las 7:10 tendrán que dejar allí los juguetes, ponerse el uniforme y salir corriendo para llegar a tiempo al colegio. Algo muy duro para unos niños, pero todo sea por mantenernos fieles a Sus Majestades los Reyes Magos de Oriente.

¿O tal vez debería corregir geográficamente la expresión y llamarlos “de Occidente”?

Alicia Morales

Sevillana trotamundos, hoy entre Asia y Europa. En España me licencié en Geografía e Historia y me formé en Prehistoria y Paleoantropología. En Alemania viví la experiencia Erasmus. En Portugal trabajé diez años como arqueóloga especializada en espacios funerarios y, durante los diez años siguientes, ejercí de docente universitaria y formadora de Español como Lengua Extranjera, E-learning y TICs aplicadas a la Educación y la enseñanza de idiomas. Mi lema: “Más vale saber alguna cosa de todo, que saberlo todo de una sola cosa” (Pascal).
Desde 2014 resido en la Región Administrativa Especial de Macao, antigua colonia portuguesa, donde he trabajado como profesora y ahora me dedico a seguir aprendiendo. Mi nuevo reto: el cantonés.
歡迎 (Fun jing). Bienvenido.

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