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La cuestión imperial, la sucesión del trono del crisantemo

Familia Imperial Japonesa, retrato oficial 2016.

Tras la derrota japonesa en la Segunda Guerra Mundial, el emperador Showa fue un elemento estructural primordial en el nuevo orden que la autoridades de ocupación estaban diseñando para el país. Uno de los momentos más importantes del proceso de construcción del Japón contemporáneo, se realizó el 1 de enero de 1946, la llamada Ningen Sengen (人間宣言) o también conocida como “Declaración de Humanidad”. Es un documento firmado por el emperador Hiroito donde se pone de manifiesto su renuncia al estatus de divinidad del que gozaba. Cabe señalar que este documento sólo apunta hacia la renuncia de divinidad, no al de descendencia divina (el emperador niega ser un dios en la tierra, pero mantiene el estatus de ser descendiente de la diosa Amaterasu).

Página original del “Ningen Sengen” guardado en la Biblioteca Nacional de la Dieta.

Uno de los elementos más llamativos de la monarquía nipona es su estatus legal. El artículo primero de la constitución japonesa señala el papel primordial del emperador, pero también refleja que la soberanía reside en el pueblo japonés. Esto indica que el sistema político del país no sigue el modelo clásico de monarquía parlamentaria, donde la soberanía reside en la corona y por una prerrogativa real pasa a los legisladores elegidos por sufragio. Esto nos deja frente a una situación de interinidad, legalmente hablando, y convierte al actual emperador en un aspirante al trono en un sistema de república parlamentaria, un actor político reconocido como tal, aunque en los años 50, los conservadores japoneses hicieron enormes esfuerzos por remodelar la constitución y devolverle el estatus legal al papel del emperador pero se vieron frustrados. En la actualidad, el emperador recibe el tratamiento de “jefe de estado” en todos los actos nacionales e internacionales, así que, este “tecnicismo”, no ha representado ningún problema en lo que a las funciones imperiales se refiere.

En agosto del año 2016 el emperador comunicó al gobierno su deseo de abdicar en favor de su hijo, a raíz del deterioro de su estado de salud y su deseo de alejarse de las responsabilidades del cargo. El gobierno pone en marcha de inmediato un comité especializado para evaluar la petición del emperador y orientar al gobierno sobre los procedimientos a seguir. El dictamen de este comité de 6, en el que se encontraba el académico Takashi Mikuriya, es claro: “se hace un llamamiento al gobierno para que impuse una ley de abdicación, con la particularidad de que sólo sea aplicable al actual emperador”.

Este proceso, constreñido por la actual constitución de 1947, no es ajeno a la familia real japonesa. Existe una larga tradición en la monarquía nipona vinculada a los procesos de abdicación. Era habitual en los tiempos anteriores al Periodo Edo, que el emperador asumiera el trono a una edad temprana (6 u 8 años de edad, tiempo considerado como adecuado para dirigir el ceremonial que el puesto requiere), y que lo dejara siendo un adolescente, teniendo derecho a un retiro digno en virtud de su cargo. Los procesos de adopción dentro de la familia imperial también eran muy comunes. Esto permitía ampliar el abanico de posibles sucesores al tiempo que se preservaban los lazos vinculantes dentro de la familia real. Este proceso debía respetar el sistema de sucesión patrilineal existiendo casos en los cuales mujeres accedían al trono.

Representación de la Emperatriz Go-Sakuramachi (1762-1770)

El papel de la mujer como emperatriz seguía las premisas de sangre e “interinidad”, es decir, el acceso al trono se realizaba mediante su parentesco con la línea patriarcal de la familia real y en virtud de permitir subsanar conflictos internos entre las facciones de la familia o por el impedimento de un sucesor varón de ocupar el cargo. Las emperatrices Jito, SuikoSaimei accedieron al trono siendo viudas de emperadores y princesas imperiales de sangre por derecho propio, mientras que las emperatrices Koken, Meisho, Go-Sakuramachi y Gensho llegan al poder siendo hijas de emperadores, solteras y sin ningún hijo conocido. Las prerrogativas de gobierno así como su carácter divino seguía siendo el mismo que sus contra-partes masculinas (en algunos casos, como en el de la Emperatriz Go-Sakuramachi, las representaciones artísticas de su figura se hacen como si fueran hombres, aunque responde más a un elemento cultural y artístico).

Existe una enorme preocupación en la sociedad japonesa con respecto al problema de la sucesión, la constitución de 1947 y la “Ley de la Casa Imperial” del 16 de enero de 1947 contiene artículos como:

  • La exclusión de las mujeres en la linea de sucesión de la familia imperial (esta ya estaba presente en la constitución Meiji de 1889).
  • Sólo los varones legítimos, de la linea de sucesión masculina, pueden acceder al trono.
  • Ni el emperador ni ningún otro miembro de la familia imperial puede adoptar hijos.
  • Se evita que las ramas menores de la familia imperial pueden acceder a la línea de sucesión.
  • Los príncipes y princesas reales quedan excluidos de la familia real si contraen matrimonio fuera de esta.

Panoramica del Palacio Imperial de Tokio

El temor principal ante la sucesión recae directamente en el heredero de Akihito, el príncipe Naruhito, que con 56 años de edad sólo tiene una hija de su unión con la princesa Masako, de 53 años, la princesa Aiko de 15 años. En virtud de la ley de la Casa Imperial, la princesa Aiko no puede acceder al trono, siguiendo las restricciones de dicha ley. La única posibilidad de sucesión tras Naruhito recae en su hermano, el príncipe Fumihito y su hijo, el príncipe Hisaito.

Este dilema crea una sensación de interinidad e incertidumbre en el país. A esto, se suman los deseos del emperador en abdicar del trono y su delicado estado de salud. La puesta en marcha del debate parlamentario sobre la sucesión en enero de 2017, va a permitir deliberar abiertamente sobre el futuro de la monarquía más antigua del planeta. No tenemos ninguna duda desde Ágora Nipón que este clima de inestabilidad puede sumarse a los otros problemas que afronta el país como la reforma constitucional, pero, convencidos de la madurez de la sociedad japonesa, esperamos una solución a corto plazo que de por finalizado el debate de la sucesión.

 

Sello real de Japón.

 

Para saber más:

 

  • Biblioteca Nacional de la Dieta (el “Ningen Sengen”, consultado en febrero de 2017): http://www.ndl.go.jp/constitution/e/shiryo/03/056shoshi.html
  • Sitio web de la Familia Imperial (consultado en febrero de 2017): http://www.kunaicho.go.jp/eindex.html
  • The Japan News (noticias en inglés del diario Yomiuri Shimbun, consultadas en enero y febrero de 2017):
    • 3o de enero: http://the-japan-news.com/news/article/0003491178
    • 4 de febrero: http://the-japan-news.com/news/article/0003493219
    • 7 de febrero: http://the-japan-news.com/news/article/0003507018
  • The Asahi Shimbun (de su web en inglés, consultadas en enero y febrero de 2017):
    • 22 de enero: http://www.asahi.com/ajw/articles/AJ201701220021.html
    • 24 de enero: http://www.asahi.com/ajw/articles/AJ201701240046.html
    • 25 de enero (editorial): http://www.asahi.com/ajw/articles/AJ201701250032.html

 

 

 

 

Alejandro Varón Vásquez

Graduado en Historia por la Universidad Complutense de Madrid, su actividad académica gira entorno a los estudios modernos y contemporáneos de Asia Oriental siendo Japón su principal campo de investigación en el que trabaja actualmente.