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La Luna, objeto de deseo

Para algunos, un símbolo romántico. Para otros, una meta a conquistar. La Luna no es una fantasía de enamorados, sino un objetivo estratégico.

 Una guerra en el espacio

ymSputnik-stamp-ussrTras la Segunda Guerra Mundial el espacio exterior se disputaba entre la Unión Soviética y Estados Unidos. Una exhibición de innovación tecnológica y un colonialismo a grandes alturas que exaltaba el orgullo patrio.

Momentos en la memoria colectiva como Sputnik  (el segundo Sputnik llevaría a la perra Laika al espacio, sin retorno); SCORE (un satélite de comunicaciones americano); Vanguard (mas simbólico que práctico, analizaba el flujo de las nubes); Luna (1,2,3,4,5,6,7,8 y hasta 9, el segundo alcanzó la Luna por primera vez en la historia); Vostok I ( con Yuri Gagarin a bordo, el primer cosmonauta de la historia que vio la Tierra desde el espacio. El Vostok 6 daría este privilegio a la primera mujer, otra soviética:Valentina Tereshkova) o Apolo 11 con Neil Amstrong pisando la Luna en 1969.

 En 1975 la Unión Soviética y Estados Unidos unían fuerzas con Apolo-Soyuz, una misión que lanzó dos naves, una rusa y otra americana, que serían acopladas en el espacio. ymchinaespacio3

Desde entonces Estados Unidos se ha mantenido como súper potencia en el espacio. Sin embargo, su fortaleza supone también su talón de Aquiles. Los satélites en órbita son difíciles de reemplazar, y los cambios en la financiación a los proyectos espaciales han hecho peligrar algunos de ellos, como sucedió en 2010. Por ello la apuesta americana a la entrada de capital privado en el espacio.

 Ni tortuga ni liebre: El Conejo de Jade llega a la Luna

China aprovecha el empuje económico para invertir en proyectos espaciales. En 1958 anunciaba su programa espacial; en los setenta lanzaba sus primeros satélites; en 1984 su primer satélite de comunicación; en 2003 el primer chino llega al espacio, y en 2012 la primera mujer china. Junto a Rusia, China es el único país que manda personas al espacio.

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 ymchinaespacio2En pleno siglo XXI, cuando las primeras imágenes del espacio remiten al blanco y negro, China recupera la pasión por el espacio, mientras Estados Unidos planea viajes espaciales de compañías privadas. No es una tortuga la que llega a la Luna, ni una liebre veloz, sino el Conejo de Jade.

 La emoción de los medios y de la comunidad científica se justifica en que, tras mas 40 años desde la misión de Luna 24, Chang’e 3, sonda con nombre de diosa mitológica lunar, consigue alunizar.

 El Programa Chino de Exploración Lunar no es pionero a nivel mundial, pero cuenta con una importante renovación militar, como recoge el Informe de Seguridad Nacional americano, y junto a estas prioridades del gobierno están los proyectos espaciales. Contribuye a la sensación de milagro el bombardeo de los medios chinos. China ha logrado completar dos de las tres fases en su proyecto:

  •  Orbitar alrededor de la Luna: En 2007 Chang’e 1 lo consigue, un éxito que repite en 2010 Chang’e 2.
  • Alunizar: En diciembre de 2013 Chang’e 3 llega a la Luna y deposita al robot lunar Conejo de Jade. Chang’e 3 ponía a prueba radares, cámaras, instrumentos de telescopio y espectroscopios.
  • Muestras de la Luna con retorno a la Tierra: En 2017 se espera que Chang’e 5 pueda recolectar muestras del suelo lunar y traerlas a nuestro planeta.

 Los otros proyectos son en 2014-2015 tener los primeros satélites científicos y el cohete Long March 5. Para 2020 la meta es contar con la primera estación espacial y una red de 35 satélites (14 de ellos ya están activos).

 El futuro esta ahí fuera

El espacio ofrece posibilidades a corto plazo -la comunicación militar y civil, las previsiones del tiempo, geografía internacional-, y a largo plazo -explotar recursos minerales-. No solo Estados Unidos, Rusia y China invierten, la India y Nigeria también tienen proyectos propios.

 La inversión en anti-satélites -destruir satélites no sale a cuenta, los restos  pueden chocar con el satélite atacante-, provoca  cautela entre las potencias. Lo cierto es que todas invierten en anti-satélites. China ha desarrollado brazos mecánicos que, estando en órbita, pueden desviar la trayectoria de los satélites, un logro que no tiene porqué significar nada.

 La segunda potencia económica mundial imita los programas espaciales de sus predecesoras, y esto limita su desarrollo por el momento. Su estrategia dista de atacar, y da prioridad a la construcción de infraestructuras, en un proceso lento, acorde al sistema chino. Una voluntad férrea dirigida por un único partido, el aprender de los errores pasados y un equipo joven (con una media de 27 años) están a su favor.

 El futuro no parece que pase por el enfrentamiento en el espacio.

Sin embargo, la tensión la personifica Frank Rudolph Wolf, Presidente del Subcomité de Asignaciones de Estados Unidos, Cámara de Comercio, Justicia, Ciencia y Agencias Relacionadas. El debate comenzó cuando unos investigadores chinos no pudieron asistir a una conferencia de astronomía en 2011. “No queremos darles la oportunidad de tomar ventaja de nuestra tecnología, y no ganamos nada tratándolos”, decía Wolf.

 En la cláusula Wolf, de apenas unas lineas en el presupuesto aprobado por el Congreso,  no permite que ninguna persona china representate oficial del gobierno chino investigue con la NASA o participe en un proyecto de la Oficina de Política Científica y Tecnológica de la Casa Blanca.

 Lo que sí está claro es que mirar las estrellas, para Estados Unidos, Rusia, China e incluso la India, es mas que un sueño: Es una montaña a escalar. Habrá que ver si se impone la colaboración o la competitividad.

Aunque oficialmente soy Yuan Yuan, en mi día a día se impone Susana. Soy de origen alicantino, con rasgos asiáticos y una mente abierta y curiosa. Aspiro a ser periodista, a comunicar y a transmitir la compleja realidad desde la humildad de quien no lo sabe todo, pero tiene la voluntad de intentarlo. Inquieta, conciliadora y sociable, pienso que todos podemos aportar lo mejor de nosotros con respeto y educación. Nadie nace sabiendo, pero sí con ganas de aprender, de crecer y de ampliar fronteras. Me interesa todo, pero especialmente los temas sociales y culturales. Mi letrero, si tuviera, sería «en construcción».

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