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La ideas de la “Nueva izquierda china”: ¿la solución para el conflicto entre China y Taiwán?

Durante los últimos años, diferentes analistas políticos y comentaristas, como por ejemplo Michael Cole, han publicado varios artículos sobre la incapacidad de China para seducir a la generación de jóvenes taiwaneses que está llamada a liderar el conflicto político entre Taiwán y China en el futuro. Como sostiene Cole ,“China ya no tiene ninguna estrategia definida para tratar con Taiwán: la coerción no ha funcionado y el sistema de premios tampoco ha dado sus frutos”. A demás,  el auge de la persistente identidad taiwanesa parece ser un muro difícil de demoler por la diplomacia china.

Por otro lado, es crucial que el conflicto se resuelva pacíficamente, ya que un enfrentamiento bélico sería un desastre, no sólo para China y Taiwán, sino también para la región de Asia Oriental. La paz en el estrecho de Taiwán no puede depender de la existencia de una asimetría de poder entre China o Taiwán, ni tampoco de la interdependencia económica dictada por las fuerzas del mercado. La paz en el estrecho tiene que ser fruto de un dialogo político en el que ambas partes puedan estar de acuerdo con el proyecto político que decidan compartir. No obstante, hasta ahora, la idea de una historia compartida no ha tenido un poder seductor, ya que la generación de jóvenes taiwaneses está más preocupada por el futuro incierto – la escasez de trabajos dignos, el encarecimiento de la vivienda o la falta de derechos laborales – que por un pasado que nunca experimentó y que sólo leyó en libros de texto. Así pues, si la historia compartida carece de poder de seducción, ¿cuál es la solución para el conflicto entre China y Taiwán? ¿la paz podría depender de algunas de las ideas centrales de la Nueva Izquierda china?

La Nueva Izquierda China

La crisis financiera global del 2008 no sólo fue el catalizador para la emergencia de nuevos partidos políticos con una vocación antisistémica en la vieja Europa, sino también fortaleció el auge de una escuela de pensamiento crítico en China que ya existía desde la década de los años noventa, la denominada “Nueva Izquierda China” (新左派, Xīn zuǒpài). Dicha etiqueta fue acuñada por primera vez en 1994 por Yang Ping en un artículo publicado en la revista Beijing Youth (北京青年报, beijing qingnian bao).

Durante los últimos 30 años, en China han emergido dos corrientes de pensamiento crítico que se han situado a la izquierda del espectro político. Por un lado, la extrema izquierda (极左派, jizuopai) inspirada por el pensamiento de Mao Zedong que aboga por la restauración de una economía central planificada y por una vuelta al Maoismo. Por otro lado, la “Nueva Izquierda” (新左派, Xīn zuǒpài), a pesar de que sus participantes no se autoproclaman miembros de dicha corriente, está formada principalmente por académicos – Wang Hui, Wang Shaoguang, Hu Angang, Li Mingqi, Cui Zhiyuan y Gan Yang- que se han formado o han trabajado en universidades euroamericanas, y que han sido influenciados por el postmodernismo, ciertas corrientes de la socialdemocracia europea y recetas económicas de corte Neo-Keynesiano y marxistas heterodoxas. Según Freeman y Wen, la “Nueva Izquierda” aboga por un “sistema democrático con características chinas” que asegure justicia social, una distribución del poder social y un estado de bienestar que asegure derechos básicos como la educación o la sanidad. Dentro de la ¨Nueva Izquierda” existe un grupo de académicos como Zuo Pai y Zhang Hongliang que son partidarios de un nacionalismo económico chino.

Desde la apertura de China en 1978 hasta el año 2002,  existió un consenso  entre las élites del país en el que se aceptó que la principal política económica se debía centrar en torno a la economía de mercado  y el crecimiento económico del país. Como consecuencia de tales recetas económicas, como por ejemplo la privatización de empresas estatales,  se produjo una gran dislocalización social. Se ensanchó considerablemente la brecha entre pobres y ricos, creando así altos niveles de desigualdad económica. Mientras que las zonas costeras y las grandes ciudades como Beijing, Shanghai o Guangzhou disfrutaban de aumentos salariales y mejoras de las condiciones de vida, una gran parte del país trabajaba en condiciones de miseria para sostener el ascendiente nivel de vida de algunos de sus compatriotas. Durante dicho período en el que discurso sobre el crecimiento económico hegemonizó la escena política china, la “Nueva Izquierda” quedó totalmente marginada de los círculos políticos y académicos, a pesar de que en aquel entonces ya avisó de las consecuencias desastrosas de las tendencias neoliberales del gobierno chino.

Sin embargo, el estallido de la crisis financiera en 2008 hizo saltar por los aires los cimientos ideológicos que habían sustentado el sistema durante años,  poniendo en evidencia los potenciales limites del capitalismo global. En China, mientras que la corriente neoliberal seguía apoyando políticas económicas que se centraban en la eficiencia de la economía a pesar de su evidente fracaso a nivel global, la “Nueva Izquierda” advertía de la importancia de una prometida justicia social que había caído en el olvido desde que Deng Xiaoping dijo que “había que enriquecer a unos primero”.

Para China, la crisis supuso una señal de aviso que abrió un nuevo espacio de debate político en el que algunas de las centrales ideas de la “Nueva Izquierda” se revigorizaron, especialmente aquellas en torno a las reformas de los derechos de propiedad y la justicia social. Como sostiene He, en los últimos años “la idea de justicia social se ha incorporado a la retórica del Partido Comunista Chino”. La “Nueva Izquierda” criticó fuertemente el Consenso de Washington, apostando claramente por el Consenso de Beijing que se centraba principalmente en el desarrollo de una potente inversión estatal y el control público de los sectores geoestratégicos de la economía china.

La “Nueva Izquierda china”, además de apoyar el Consenso de Beijing, también ha defendido el surgimiento de huelgas de trabajadores y movimentos estudiantiles. Como sostiene Wang Hui, “China necesita que organizaciones autónomas de trabajadores y campesinos junto con otras organizaciones sociales expresen su voz durante el proceso de formulación de políticas públicas”. A pesar de que la “Nueva Izquierda” ha logrado introducir algunas de sus ideas centrales en el discurso del Partido Comunista Chino y en el debate público, aún sigue lejos de poder introducir cambios sustanciales en el sistema político chino, ya que las corrientes liberales siguen siendo uno de los pilares fundamentales de la economía china.

Las ideas de la Nueva Izquierda y el conflicto en el estrecho de Taiwán.

Sin embargo, sus ideas podrían ser la solución para los problemas entre China y Taiwán. Uno de los principales escoyos con los que China se ha topado en los últimos años en su política hacía Taiwán, además del auge de la identidad taiwanesa entre los más jóvenes,  ha sido la falta de confianza de los éstos hacia el sistema político chino al que consideran como la principal fuente de corrupción y de desigualdad económica en el otro lado del estrecho. La generación de jóvenes no se siente atraída por el sistema político chino, sin embargo, también está desencantada con la rota democracia liberal taiwanesa que les está fallando en ofrecer un futuro digno. El Movimiento del Girasol en 2014, a pesar de que evidenció el boom de la identidad taiwanesa – uno de los principales escollos para la unificación- , también puso de relieve el resquebrajamiento de la modernidad global como proyecto político y económico, cuyos efectos también se han comenzado a notar durante los últimos años en Taiwán – crisis de representación política y dificultades económicas-.

A pesar de las diferencias entre la sociedad china y taiwanesa, también existen similitudes, por ejemplo, ambas sociedades comparten una visión parecida sobre el papel del estado que se remonta al pensamiento político tradicional confuciano, y que que aún impregna ciertos comportamientos políticos y sociales en ambas orillas del estrecho.  El estado tiene que servir como ejemplo moral para sus ciudadanos. Así pues, si China pretende seducir a los jóvenes taiwaneses  tendrá que  inspirarse en dicha tradición política. Una paz duradera en el estrecho de Taiwán dependerá de que China  pueda ofrecer una alternativa política que sea capaz de seducir a los taiwaneses con un proyecto político que ofrezca soluciones al declive del capitalismo global y sus demoledores efectos.

Sin embargo, existen dos factores que podrían poner en peligro la paz en el estrecho de Taiwán.  Por un lado, un posible choque de trenes entre el nacionalismo chino y taiwanés, cuyas  consecuencias  serían nefastas, y  por otro lado, una eventual evolución política en China  hacía un proyecto político que produzca más desigualdad económica y corrupción. Es probable que la cura para el conflicto entre Taiwán y China no se encuentre en su pasado compartido, sino en la construcción de un futuro conjunto en el que la promoción de la justicia social juegue un papel central como elemento de dialogo entre ambas sociedades.  Las ideas de la Nueva Izquierda china pueden ser fundamentales para la paz en el estrecho, ¿será capaz el Partido Comunista Chino de promover esos ideales?

 

 

 

 

Ferrán Pérez 安風龍

Graduado de Asia Oriental por la Universidad Autónoma de Barcelona. Vivió 3 años en Taiwán,donde obtuvo sus estudios de máster en estudios de Asia Pacifico en la National Chengchi University. Actualmente es estudiante de doctorado de relaciones internacionales, seguridad y gobernanza global en la Universidad de Sussex en el Reino Unido. Su principal área de investigación se centra en la producción de teoría de relaciones internacionales en Asia Oriental y en los movimientos sociales de Asia Oriental.