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Las Chinas dentro de China

El pensamiento de Xi Jinping

Conclusiones e incógnitas del XIX Congreso del Partido Comunista chino.

Esta semana ha sido muy intensa para China. En efecto, se ha celebrado el XIX Congreso del Partido Comunista chino (PCCh), que suele celebrarse cada cinco años. Cada congreso tiene vital importancia para el país: en él se discuten asuntos decisivos como la planificación económica o la renovación del Comité Central del Politburó del Partido Comunista. Asimismo, cada diez años se nombra a quien estará al frente del Partido y el Estado. Es el momento en el que los máximos dirigentes del PCCh hacen balance sobre el rumbo del país y toman las decisiones que marcarán su futuro.

Sin embargo, esta edición de la reunión ha sido especial. En efecto, Xi ha roto la tradición de nombrar sucesor al frente del Comité Permanente del Politburó. Esto es algo que no pasaba desde la muerte de Mao Zedong. Y es que su sucesor, Deng Xiaoping, decidió limitar el mandato del Secretario General a diez años. Todos los líderes la habían cumplido nombrando sucesor en los congresos de los años impares, excepto Xi. ¿Significa esto que quiere prolongar su poder más allá del próximo congreso?

Aún es pronto para saberlo. El actual Presidente de China tiene hasta 2022 para decidirlo. Sin embargo, la opinión generalizada es que es el líder que más poder ha concentrado desde el mismo Mao. No sólo es el líder ideológico, sino que también controla el ejército y la planificación de la economía. Además, se ha asegurado que los siete miembros del actual Politburó sean de su facción. Es decir, no hay sitio para los seguidores de Hu Jintao, los conocidos como “facción de Shanghai”. Y entre las cinco nuevas incorporaciones no hay ningún candidato que pueda hacerle sombra al actual líder.

Si el congreso anterior fue el del “sueño chino” de Xi Jinping, éste ha sido sin duda el de la consolidación de su liderazgo. Hasta tal punto, que muchos lo han comparado ya con Mao Zedong. En efecto, Xi no ha nombrado sucesor, tal y como habían hecho sus predecesores. Además, el Comité Permanente ha decidido incluir el Pensamiento de Xi Jinping en la Constitución: será uno de los principios ideológicos que regirán el Partido y el país, junto con el marxismo-leninismo, el Pensamiento de Mao Zedong, el Pensamiento de Deng Xiaoping, la teoría de la triple representatividad o el análisis científico del desarrollo.

Como acabamos de ver, cada uno de los líderes ha dejado su impronta en la Constitución de la República Popular de China. Sin embargo, el caso de Xi ha sido especial: desde la muerte de Mao, ningún otro había conseguido plasmar así su pensamiento durante su mandato. Y, desde la muerte de Deng Xiaoping, ningún otro había incluido su ideología personal en la Carta Magna. Además, algunos medios como el SCMP han avisado de que el Pensamiento de Xi Jinping se impartirá en las escuelas, algo que no pasaba desde Mao.

Además, su campaña contra la corrupción se ha interpretado como una nueva “Revolución Cultural”, en palabras de Roderick MacFarquhar. Pero, ¿por qué? En primer lugar, se lleva a cabo a través de la Comisión Central de Supervisión de la Disciplina, controlada directamente desde el Comité Permanente del Politburó. Asimismo, la campaña llega a todos los niveles jerárquicos del Partido.

También habrá que ver cómo afectarán las decisiones del Congreso a las minorías étnicas. Al parecer, el XIX Congreso del PCCh no ha tenido lugar en un contexto convulso, como el anterior. En este punto, cabe recordar la oleada de inmolaciones que se produjo en el Tíbet entre 2009 y 2013. La mayoría de ellas se produjo durante el mes de noviembre de 2012, coincidiendo con la reunión quinquenal del PCCh. Sin embargo, las quejas de activistas por los derechos de tibetanos y uigures no han disminuido.

Al contrario, The Diplomat se ha hecho eco de una campaña promovida por el Partido, cuyo objetivo es aumentar el control sobre la comunidad religiosa. Esto aceptará especialmente a musulmanes y budistas, como ya viene ocurriendo desde 2016. Así, se pretende imbuir a las distintas sensibilidades religiosas de los “valores del socialismo” y “adaptarlas a la realidad china”. Aunque para ello sea vital controlar la máxima jerarquía del budismo tibetano y del islam. Además, también pretenden que los jóvenes se centren más en el conocimiento científico.

Ese intento de modelar las religiones según la idiosincrasia china ha ido acompañado de otras medidas de control. Por ejemplo, activistas protibetanos llevan tiempo protestando por el desmantelamiento de Larung Gar, sede de uno de los mayores centros de enseñanza del budismo. También ha habido diversas campañas en Xinjiang, cuyo principal objetivo ha sido supuestamente el “extremismo islámico”. Sin embargo, alguna de las medidas que ha llevado a cabo son cuestionables, como la prohibición de llevar burka o barba llamativa.

También se quiere prohibir que los niños reciban educación en casa. El objetivo oficial de esta medida es evitar el extremismo religioso. No obstante, coincide con la voluntad del PCCh de enseñar el Pensamiento de Xi Jinping en las escuelas. Será una materia obligatoria en todos los colegios, al mismo tiempo que se seguirá controlando la disidencia en las universidades.

Por otro lado, en este Congreso ha bajado drásticamente la representación de mujeres y minorías étnicas. No sólo no hay ninguna en el Comité Permanente del Politburó, sino que han bajado de 33 a 10 en el Comité Central. Algo así pasa con las minorías: sólo 16 de los miembros pertenecen a una etnia distinta. Al parecer, el Partido no refleja la igualdad entre ciudadanos que promulga la Constitución.

En conclusión, todavía no se puede afirmar si Xi será algo así como el nuevo Mao. Al contrario, el XIX Congreso del PCCh ha dejado muchas incógnitas abiertas. Sin embargo, el presidente actual se parece al “Gran Timonel” en algo: es el líder que más poder ha concentrado desde 1978. Habrá que ver por cuánto tiempo.

Anna Ferrer

Anna Ferrer Gil (Les Borges Blanques, 1990). Licenciada en Historia (Universitat de Barcelona, 2012) y Máster en Estudios de China y Japón: Mundo Contemporáneo (Universitat Oberta de Catalunya, 2016), llegó aquí por accidente: no decidió especializarse en Historia Contemporánea de China hasta el tercer curso de la licenciatura. No obstante, su vocación tardía no le ha impedido ser la autora de los primeros trabajos en lengua catalana sobre la Revolución Cultural en el Tíbet y estudiar chino. ¿Por qué? Simplemente no pudo dejar escapar algo tan fascinante. Y, como no hay reto pequeño, ahora aterriza en Yuanfang Magazine con su propia sección, “Las Chinas dentro de China”. Es editora de la sección “Ideas”.

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