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Mongolia, ¿o Mongolias?

Fuera de las fronteras de Mongolia, existe un territorio mongol mayormente desconocido.

Mucha gente tiene una imagen bucólica de Mongolia. Un país cuya población total (unos 2.833.000 habitantes, el año 2011) es inferior que la que vive únicamente en el área metropolitana de Barcelona (alrededor de 3.330.000 habitantes). Cuando alguien lo menciona, el cerebro enseguida evoca una vasta extensión de prado verde. Sólo alguna manada de caballos y algún asentamiento nómada rompen la monotonía. Nómadas con su ger, su enorme tienda circular.  Su casa que será su hogar hasta el cambio de estación. Ideal, ¿verdad?

 

Las estepas mongolas son un escenario bucólico, en el que se pueden observar puestas de sol como ésta.

Simplificando mucho, ésta es la realidad para dos tercios de la población mongola. El tercio restante vive en Ulaanbaatar, la capital. Muchos son antiguos nómadas que decidieron sedentarizarse: creían que sólo la ciudad podía garantizarles mejor calidad de vida, así que se llevaron sus yurtas a los suburbios de la capital. Muchos llegan atraídos por la promesa de trabajos bien pagados. Pero la realidad no siempre es así, como veremos más adelante.

 

Los suburbios de la capital mongola se llenan de yurtas, después de que muchos nómadas decidan comenzar una vida sedentaria en la ciudad.

Sin embargo, no sólo los ciudadanos de Mongolia pertenecen al grupo étnico mongol. En efecto, la mayoría de ellos vive en la Región Autónoma de Mongolia Interior (內蒙古, Nèi Měnggŭ Zìzhìqū, en chino): un territorio algo menor que el independiente en el que viven unos 25 millones de personas. De ellos, sólo un 17% son mongoles (unos 4,25 millones). Aún así, siguen siendo más de los que viven en la República de Mongolia.

Aunque las dos Mongolias estuvieron bajo el mismo poder en algunos momentos de la historia, han pasado más tiempo aún formando parte de realidades diferentes. Ya durante el período de los Reinos Combatientes existía la “frontera” entre Mongolia Interior y Mongolia Exterior. No obstante, sí que estuvieron unidas durante la dinastía Yuan, de origen mongol. En efecto, su fundador fue Khublai Khan, nieto del gran Genghis Khan, quien consiguió establecerla después de haber conquistado Beijing en el último tercio del siglo XIII.

Después vino la Ming, la última dinastía autóctona del Imperio del Centro. Al contrario que los mongoles, decidieron limitarse a controlar los mares y a potenciar el budismo y el confucianismo. La decadencia llegó cuando los emperadores se dedicaron a guerrear o a sus placeres. Así, se enfrentaron a Japón en Corea y a Manchuria. En el primer caso ganaron, pero no lograron pasar del empate con sus vecinos del noreste.

Fue allí donde Nurgaci, el líder de las tribus manchúes, estableció un Estado capaz de derrocar a la dinastía Ming. También fue lo suficientemente fuerte para unir ambas Mongolias, además del Tíbet. Después de conquistar Beijing en el siglo XVII, estableció una dinastía que gobernaría hasta el siglo XX. Éste sería el último período en el que las dos Mongolias estuvieron unidas. En efecto, la caída del imperio y la revolución rusa las volvieron a separar. Así, la parte norte se independizó en 1911, tras la caída de la dinastía Qing. Diez años más tarde se integró en la URSS, formando la República Popular de Mongolia. Seguiría así hasta la caída del régimen soviético, en 1989. Dos años más tarde conseguiría la independencia.

Mongolia Interior, en cambio, se quedó fuera del nuevo estado mongol. En vez de eso, el Partido Comunista le otorgó la autonomía dentro de la República Soviética de China, en 1947. Fue el primer territorio en obtener ese reconocimiento, antes incluso de la entrada de los comunistas en Beijing. Actualmente, la Región Autónoma es una zona en crecimiento, a causa de la abundancia de recursos mineros que posee. Ese es uno de los factores que mejor explica la inmigración masiva de chinos han a la región, apoyada activamente por el gobierno chino. Así, la densidad de población ha aumentado y Mongolia Interior se ha modernizado.

En efecto, una de las mayores reservas de tierras raras está en la zona. En concreto, en el parque industrial de Baotou, en el que se ha establecido una enorme explotación minera. Los números dan vértigo: hay unos 43,5 millones de toneladas de este recurso en la zona: el 83,7% del total mundial. Por eso tanto interés por parte de Xi Jinping: la inversión en tierras raras es enormemente rentable. Sobre todo teniendo en cuenta el auge de los smartphones y de las energías renovables, sectores que dependen enormemente de ellas.

 

Entrada a uno de los complejos industriales de Baotou, en Mongolia Interior.

Pero no todo el monte es orégano en Mongolia Interior. Para empezar, la industrialización ha tenido un gravísimo efecto colateral: la contaminación. En efecto, muchos pastores se quejan de que los rebaños enferman o mueren a causa de la polución ambiental. También, aunque en mucha menor medida que en las regiones autónomas de Tíbet o Xinjiang, las tensiones étnicas han aumentado. Puede que Mongolia Interior sea un “modelo de asimilación“, pero las desigualdades en el plano laboral o la sedentarización forzosa de nómadas también causa problemas. Así, el descontento de los mongoles tiende más a factores económicos que a identitarios.

La República de Mongolia, por su parte, es un país democrático con pluralidad de partidos políticos, entre los que destacan el Partido Democrático y el Partido Popular de Mongolia. Aunque el presidente Elbegdorj, que termina mandato en 2017, pertenece al primero, las últimas elecciones legislativas dieron la victoria al segundo. Son esos partidos los que tienen que hacer frente a problemas como la masificación de Ulaanbaatar, incapaz de asumir tanta población. En efecto, muchas familias se hacinan en los suburbios. Viven en pésimas condiciones, sin luz y sin saneamiento. Por no hablar de la contaminación que causan al calentarse con carbón, un serio problema para los habitantes de la ciudad. Además, formar parte de la clase media es una utopía para muchos.

Sin embargo, también hay similitudes entre ambas Mongolias: los mongoles no dejan de pertenecer al mismo grupo étnico. Comparten muchas tradiciones, han compartido el mismo modo de vida durante siglos y, aunque el ateísmo sea la religión oficial de Mongolia Interior, también comparten la influencia del budismo. Pero no dejan de ser dos realidades paralelas, separadas por una vasta frontera.

Anna Ferrer

Anna Ferrer Gil (Les Borges Blanques, 1990). Licenciada en Historia (Universitat de Barcelona, 2012) y Máster en Estudios de China y Japón: Mundo Contemporáneo (Universitat Oberta de Catalunya, 2016), llegó aquí por accidente: no decidió especializarse en Historia Contemporánea de China hasta el tercer curso de la licenciatura. No obstante, su vocación tardía no le ha impedido ser la autora de los primeros trabajos en lengua catalana sobre la Revolución Cultural en el Tíbet y estudiar chino. ¿Por qué? Simplemente no pudo dejar escapar algo tan fascinante. Y, como no hay reto pequeño, ahora aterriza en Yuanfang Magazine con su propia sección, “Las Chinas dentro de China”. Es editora de la sección “Ideas”.

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