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Las Chinas dentro de China

El reinado ilimitado de Xi Jinping

¿Será Xi Jinping el nuevo Mao Zedong?

Hace unos meses, publiqué un análisis sobre el XIX Congreso del PCCh, en el que Xi Jinping había roto la tradición de nombrar sucesor. Era la primera vez que ocurría algo así desde que Deng Xiaoping limitase el tiempo de mandato a diez años. En concreto, en los congresos de los  años impares se debía elegir al futuro sucesor. Por ello, cuando Xi no designó a nadie en el cargo el año pasado, las alarmas empezaron a sonar. ¿Estaría pensando en perpetuarse en el poder? ¿Pretendería convertirse en el nuevo Mao Zedong?

En aquella ocasión, escribí que era pronto para saber cuáles eran las intenciones reales de Xi Jinping. Había plasmado su pensamiento en la Constitución china, pero tenía hasta 2022 para proponer sucesor. También había sido el primero en ver sus ideas ligadas a su nombre en la Carta Magna, algo que no ocurría desde Deng Xiaoping. Desde Deng hasta Hu Jintao, el resto había incluido solamente algún rasgo de su programa de gobierno. Asimismo, Xi también ha mostrado un creciente interés por aumentar el poderío militar y económico de China.

Ahora, sin embargo, los indicios de que Xi Jinping quiere perpetuarse en el poder son cada vez más sólidos. En concreto, la Asamblea Nacional Popular ha decidido abolir el límite de mandatos al frente del país. De esta manera, el actual líder, que también controla el ejército y el partido, no tendrá por qué retirarse. Lo que proponía el Comité Central del PCCh ya es una realidad. Ya es el líder con más poder desde Mao Zedong, con el que se le ha comparado desde que asumió el cargo.

Ratificación de Xi Jinping

El Congreso Nacional del Pueblo ha abolido el límite de mandatos con 2.958 votos a favor, 2 en contra, 3 abstenciones y un voto nulo.

Sin embargo, semejante decisión no ha estado exenta de polémica. Desde que se hizo el anuncio el 25 de febrero, el PCCh ha eliminado toda crítica en las redes sociales. Por ejemplo, algunas expresiones como «Rebelión en la granja» o incluso la letra «N» han sido prohibidas. En su lugar, los medios oficiales se han dedicado a publicar contenidos en alabanza a Xi Jinping. El Partido también ha insistido en desmentir que Xi «no tendría por qué estar en el cargo para siempre». Es algo que Hu Xijin, editor jefe del oficial Global Times, se encargó de remarcar recientemente.

Es inevitable comparar a Xi Jinping con Mao Zedong. No solamente por el poder que ha llegado a acumular, sino también por el nivel de represión que ejerce. Feministas, activistas pro-derechos humanos, minorías étnicas… muchos son los colectivos en el punto de mira. Incluso libreros como Gui Minhai, escritor de obras sensacionalistas sobre los líderes chinos, han desaparecido.

Mención aparte merece la situación en las zonas pobladas por minorías étnicas, especialmente las regiones de Xinjiang y el Tíbet. Desde la llegada al poder de Xi, la presencia policial y militar en ambos territorios ha sido ingente. Por ejemplo, alrededor de 120.000 uigures están internados en campos de reeducación de la prefectura de Kashgar. Se les acusa normalmente de «extremistas» o «políticamente incorrectos». Una vez allí, algunos testigos cuentan que los internos van descalzos o poco abrigados pese a sufrir temperaturas de -10ºC.

En Xinjiang, Xi Jinping tiene como aliado a Chen Quanguo, el hombre fuerte del partido en la región desde 2016. Desde entonces, se ha dedicado a aumentar exponencialmente la vigilancia contra uigures sospechosos de «separatismo». Por ejemplo, sólo entre 2016 y 2017 ofertó más de 90.000 plazas relacionadas con puestos en las fuerzas de seguridad. También se ha dedicado a purgar a aquellos oficiales cuya lealtad hacia el Partido es «sospechosa». Mención especial merece la vigilancia sobre la religiosidad de los uigures: ciertos sermones o materiales religiosos pueden acarrear penas de cárcel.

Casualmente, Chen ya desempeñó un papel similar en el Tíbet, entre 2011 y 2016. Asumió el cargo en la región con la voluntad de «devolver la paz y la seguridad» a los tibetanos. Sin embargo, fue incapaz de frenar la oleada de inmolaciones que tuvo lugar en la región y en provincias vecinas desde 2009. Aunque la mayoría tuvo lugar en Sichuan, 8 personas se quemaron a lo bonzo en la Región Autónoma del Tíbet hasta 2017.

La mayoría de los que se inmolaron en el Tíbet lo hicieron en protesta por el control obsesivo de su religiosidad. Por ejemplo, Chen Quanguo obligó a todos los monasterios budistas a colocar la bandera nacional en un lugar preeminente. Además, restringió la libertad de movimiento, impidiendo la obtención de pasaportes y confiscándolos a quienes ya los tenían. También impulsó una red de puestos de control a lo largo de la región, destinados a vigilar a quien quiera entrar en el Tíbet. Curiosamente, la mayoría de puestos de control están equipados con extintores para prevenir inmolaciones.

Con hombres fuertes como Chen Quanguo y un control absoluto del partido y del país, Xi podría convertirse en un nuevo Mao Zedong. Tiene los medios y las leyes de su lado para perpetuarse en el poder. Ahora, solamente el tiempo dirá cuánto dura el reinado de Xi Jinping.

Anna Ferrer

Anna Ferrer Gil (Les Borges Blanques, 1990). Licenciada en Historia (Universitat de Barcelona, 2012) y Máster en Estudios de China y Japón: Mundo Contemporáneo (Universitat Oberta de Catalunya, 2016), llegó aquí por accidente: no decidió especializarse en Historia Contemporánea de China hasta el tercer curso de la licenciatura. No obstante, su vocación tardía no le ha impedido ser la autora de los primeros trabajos en lengua catalana sobre la Revolución Cultural en el Tíbet y estudiar chino. ¿Por qué? Simplemente no pudo dejar escapar algo tan fascinante. Y, como no hay reto pequeño, ahora aterriza en Yuanfang Magazine con su propia sección, “Las Chinas dentro de China”. Es editora de la sección «Ideas».

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