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Antonio Ramos Espejo (1878-1944) y el despertar de las “sombras occidentales” en China

Nacho Toro reivindica la figura de Antonio Ramos Espejo

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Antonio Ramos

Sólo en los últimos años ha comenzado a reivindicarse la figura de Antonio Ramos Espejo, uno de los precursores del cine en China y uno de los principales responsables de la consolidación del cine chino a resultas de lo anterior. Por añadidura, era español, granadino, alhameño, y como tal, uno de los principales vínculos entre ambos extremos de Eurasia en el Shanghái de la Belle Époque.

 Ramos llegó a China a principio de siglo desde las ya estadounidenses islas Filipinas, en las que había desembarcado como soldado destinado a aplacar las revueltas independentistas y donde había sido responsable de las primeras imágenes cinematográficas rodadas en el archipiélago y había tratado, sin mayor fortuna, de hacer dinero con el negocio de la exhibición cinematográfica.

 Llega, pues, a Shanghái, la Perla de Oriente, no más tarde de 1903 y, aparentemente con un equipo de proyección y un puñado de películas cedidos por otro español que llevaba años (generalmente, se estima que desde 1899, aunque hay voces que hablan incluso de 1896) embarcado sin gran éxito en el negocio del cine, y que con toda probabilidad podemos identificar como el singapurense de origen judío, luego nacionalizado español, Bernardo Goldenberg (del que no hemos podido sin embargo probar estadía en China previa a 1904), inició sin demora la exhibición de películas en lugares como una pista de hielo o diversas teterías (grandes centros del ocio en la ciudad en aquellos años, donde lo de menos era, hiperbolicemos, el consumo de té).

Un cuartito alquilado en una de esas teterías, 青莲阁, Qingliange (El Pabellón del Loto Verde), de gran renombre en la época, se convirtió en el primer local dedicado únicamente a la proyección de películas en China. Las estrategias de promoción y atracción de público de Ramos, con anuncios en colores, banda de música y sugerentes mujeres de atractivos ropajes, y su política de precios y proyecciones, le aseguraron pingües ganancias que en poco tiempo lo llevaron a trasladar el negocio a auténticos teatros cinematográficos.

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Imagen del HongKew Cinema

Tradicionalmente se ha considerado el Hongkew Cinema que Ramos levantara en 1908 como el primer teatro cinematográfico de la China continental, si bien algunos estudios recientes han concedido este privilegio a otros cines en Tianjin, Pekín, o la misma Shanghái (en este último caso, al estimar que, pese a su corta existencia, el teatro Huanxian, Illusion Theatre, 幻仙戏院, literalmente, Hada Mágica , que probablemente también fundara Ramos, fue el primero dedicado al cine plenamente en la París de Oriente). Un cipo levantado por el Gobierno de la ciudad así lo atestigua.

 Pero más allá de su labor pionera como propietario de los primeros cines del país (el Colón, en Shanghái, el Victoria, inaugurado en 1907 en la todavía británica Hong Kong, y el Vitória macaense dan fe), Ramos, que poseería al menos cinco cines más en Shanghái, varios en Macao y Hong Kong y otro en Hankow, merece el reconocimiento por sentar las bases de la nueva industria china del espectáculo fílmico desde su posición dominante de principal exhibidor y distribuidor cinematográfico del principal núcleo de negocio del cine en el país hasta la Segunda Guerra Mundial: el puerto internacional de Shanghái.

Abelardo Lafuente

Abelardo Lafuente

En efecto, el Hongkew y sus hermanos mayores, el Victoria y el Olympic principalmente (por cierto, diseñados por el también español Abelardo Lafuente, arquitecto también llegado de Filipinas que gozó de renombre en la ciudad del Wangpú en las décadas de 1910 y 1920), marcaron la pauta de la exhibición de películas en Shanghái y, por extensión, en la China continental. De igual manera, la distribución de dichas películas fue controlada por Antonio Ramos hasta que las grandes majors estadounidenses se lanzaron a la conquista definitiva de un mercado cada vez más grande y apetitoso que significaba además una vía primordial de penetración en Asia. Como distribuidor mayor, Ramos estrenó en sus cines los primeros títulos de la naciente industria china (y, curiosamente, las primeras películas españolas vistas en el país), convirtiéndose estas salas en casi el único escaparate de este cine en la ciudad, e incluso, en un afán de atraer al público chino que apoyó, por ejemplo, con la creación de subtítulos en su lengua, se embarcó con su empresa Ramos Amusement Company en la producción de películas chinas.

Por si esto fuera poco para vindicar su protagonismo en la historia del primer cine de China, su estudio cinematográfico hospedaría el rodaje de algunos de los principales primeros títulos de la naciente industria shanghainita y su emporio, que dominara la industria del cine en Shanghái durante casi dos décadas, serviría como la base que precisaban las dispersas e ineficaces, y muy abundantes, nuevas productoras locales, para crear los cimientos de un cine chino entonces todavía por despertar. De esta manera, la Zhongyang Yingxi Gongsi, 中央影戲公司, de Zhang Shichuan y Zhang Changfu, alquilaría en 1926 el grueso de los teatros y las redes de distribución de Ramos por 60.000 yuanes anuales, quien vendería finalmente sus activos chinos en 1931, y con ello se convertiría en la punta de lanza de la naciente industria, que ya se extendía con éxito por las colonias de chinos del sureste asiático y los mares del sur, la denominada Nanyang.

En efecto, las circunstancias político-sociales y la penetración de las grandes empresas estadounidenses de distribución, muy probablemente intrínsecamente relacionada con el brutal asesinato de su socio y amigo Goldenberg, gerente de la Ramos Amusement Company, casi acabado 1922, convencieron a un enriquecido Ramos que ya casi blincaba los 50 a regresar a España en el otoño de 1927, dispuesto a continuar sus negocios en Madrid.

inauguracion-cine-rialtoRamos siempre mantuvo un estrecho vínculo con la reducida pero muy activa comunidad española de Shanghái, y lo conservaría tras su partida con constante correspondencia desde España, donde inauguraría en 1930 un cine que de nuevo sería pionero en lo suyo: el moderno y muy innovador Cinema Rialto de la también vanguardista Gran Vía madrileña (entonces, Eduardo Dato). Su papel en la industria exhibidora española fue, no obstante, mucho más discreto que en la meca del cine chino, donde su huella, bien que abandonada al devenir de la memoria, no ha desaparecido nunca y parece restallar de nuevo a la luz de cada vez más investigadores dispuestos a no negar el obvio y merecido protagonismo de este granadino poco amigo de alharacas que acabó siendo clave en el despertar del arte más internacional en la ciudad más cosmopolita de la China de los albores del siglo pasado.

Para saber más:

Colón estuvo en Shanghai

 

Juan Ignacio Toro Escudero

Juan Ignacio Toro Escudero es periodista. Ha estudiado en la Universidad Complutense de Madrid, la Universidad Autónoma de Madrid, la Universidad Carlos III de Madrid, la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, la Universidad San Pablo CEU, la Real Escuela Superior de Arte Dramático, la Universidad Nacional de Educación a Distancia, la Universidad de Alcalá, la Universitat Oberta de Catalunya, Háskola Íslands, New York University, Peking University, East China Normal University y el Mongol Kino.

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