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Las claves de la guerra comercial entre China y Estados Unidos

China y Estados Unidos se enzarzan en una guerra comercial repleta de incertidumbre

El pasado 22 de enero, el Presidente de Estados Unidos aprobó una subida arancelaria de un a la importación de paneles solares y lavadoras chinas un 30 y un 20% respectivamente, una media que vino precedida de un aumento arancelario del 24 y el 7 % a la compra de acero y aluminio y que desató el pistoletazo de una escalada que ha desembocado en una guerra comercial.

Estados Unidos y China se han abocado a una competición por ver quién puede provocar más daños comerciales, pero ¿a qué responde realmente esta guerra comercial? ¿Cuáles son sus causas? ¿Qué persiguen realmente China y Estados Unidos?

La medida fue el pistoletazo de salida que alcanzó su momento de máxima ignición con la declaración del Trump el pasado 22 de marzo de un plan para incrementar aranceles por valor de 50.000 millones de dólares (y después por valor de 100.000) de toda clase de productos chinos, incluidos televisores, material médico, baterías y hasta piezas del ensamblaje de aviones.

Xi Jinping Donald Trump en China

Encuentro entre Donald Trump y Xi Jinping en China. Foto: Xinhua

Reacción de Pekín

Ante el embate norteamericano, el Gobierno chino reaccionó anunciando medidas similares, aunque algo más livianas y de menor valor añadido: el pasado 2 de abril comunicó la intención de imponer tarifas arancelarias a productos como el vino o la carne de cerdo, mientras que dos días después aseguraba que restringiría las importaciones de automóviles y productos químicos estadounidenses, aplicando aranceles por valor de unos 50.000 millones de dólares.

Guerra comercial… ¿hasta cuándo?

La pregunta que se hacen los analistas es la misma: ¿hasta cuándo durará esta escalada? Lo que en algún momento podría considerarse como una provocación del presidente Trump se ha convertido en un movimiento en cadena que podría tener graves consecuencias no solo para la economía estadounidense, sino también para todo el comercio internacional.

Así lo ha evidenciado la Unión Europea, preocupada por las consecuencias de la guerra comercial en la exportación de bienes del Viejo Continente, y así se lo ha hecho saber los actores implicados, desde los fondos de inversión hasta los representantes de los cultivadores de soja al Gobierno de Estados Unidos.

Una balanza de pagos desbordada

Antes de elucubrar sobre las posibles consecuencias de la escalada, cabe situarse en el punto de inflexión que actuó como detonante del conflicto: la publicación de los datos actualizados de la balanza de pagos entre China y Estados Unidos, según los cuales el déficit comercial había aumentado en un año en 28.000 millones de dólares (pasando de 347.000 a 375.000 millones), un crecimiento que había hecho disparar la balanza de pagos a niveles no alcanzados desde hace una década.

A priori, el movimiento intimidatorio llevado a cabo por el líder estadounidense podría entenderse más como una reacción en caliente que como una estrategia en toda regla. Según apuntan algunos analistas, a estas alturas del conflicto ambas potencias están ‘enseñando sus cartas’, dando a conocer sus posibilidades reales ante un conflicto de tal magnitud.

 

barras de acero, China

Barras de acero de una factoría china dispuestas para ser exportadas.
Foto: .mojugang.net/

Reacción del mercado

“La clave es cómo reaccionarán las multinacionales, que son las que están en el centro de la batalla. ¿Qué hará Apple?”, respondía el analista Erlent Ek a la corresponsal en Asia Sara Romero, preguntado sobre esta materia.  (Los Reinos del Sol, la guerra comercial entre China y Estados Unidos).

Y de momento las grandes compañías son, cómo no, partícipes del mayor entendimiento. No solo los cultivadores de soja del Medio Oeste, sino también algunos pesos pesados de la industria estadounidense, como Boeing o General Motors, han criticado abiertamente la decisión del presidente Trump.

Distensión planteada por China

Por la otra parte, el Gobierno chino manifestó recientemente su intención de bajar la intensidad del conflicto, anunciando más flexibilidad en la inversión extranjera en sectores tan sensibles como la aeronáutica o la automoción.

En concreto Pekín se compromete a rebajar, aunque no precisa cómo, las condiciones para invertir en territorio nacional, que a fecha de hoy exigen como contrapartida el establecimiento de una ‘joint ventures’ con empresas chinas.

La clave: el sector aeronáutico y de automoción

La apertura del sector de la automoción es un caramelo para compañías como Tesla, decidida a invertir en China pero reacia a compartir su know how con un socio chino, aunque también podría beneficiar a otros gigantes de la automoción, como General Motors o Volkswagen, esta última muy instaurada en el País del Centro.

Sin embargo, aunque el gesto del Gobierno chino es claramente beneficioso para el incentivo de las relaciones comerciales en dos sectores estratégicos (aeronáutico y automovilístico), la medida está lejos de satisfacer a la administración de Trump, que a corto plazo está más interesada en un golpe de efecto que le permita salvar la cara de puertas adentro (con una subida de puestos de trabajo, por ejemplos).

¿Cuál será entonces el próximo paso de Pekín? ¿Forzará más la presión a Estados Unidos, o bien tenderá la mano con medidas como la citada anteriormente?

La actual crisis supera el conflicto puramente comercial para convertirse en una pugna política, donde la economía y la geoestrategia van de la mano.

Una declaración de intenciones

No falta quien recalca que China está poniendo a prueba la resistencia económica de su mayor contrincante económico, aunque también hay quien destaca que lo que acaba de hacer Xi Jinping es poner sobre la mesa su decisión de convertirse en el valedor del multilateralismo, ante el primer envite de Estados Unidos para dejar a China fuera de juego antes de que sea demasiado tarde.

Lo que está claro es que este es el primer escenario de un relato que acaba de empezar y cuya complejidad requerirá de grandes esfuerzos diplomáticos de dos gigantes condenados a entenderse. Como decía Kipling:

Oh, Oriente es Oriente y Occidente es Occidente y jamás se encontrarán los dos,

Hasta que la Tierra y el cielo estén presentes ante el trono del juicio de Dios,

Pero no hay ni Oriente ni Occidente, no hay fronteras ni razas ni alcurnia.

Cuando dos hombres fuertes se miran a los ojos,

¡aunque procedan de los extremos de la Tierra!

(Los Cuentos de Oriente y Occidente, Rudyard Kipling)

Periodista y politólogo de formación, siempre encuentro algo de tiempo para escribir sobre uno de mis temas preferidos: China y Extremo Oriente. Gran amante de la cultura oriental, con el corazón dividido entre Barcelona y Shanghai. Escribo sobre China y otros mercados emergentes en mi blog: www.alotroladodelbric.wordpress.com

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