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PERDERSE POR YOGYAKARTA Y SUS ALREDEDORES

Indonesia y sus 17.000 islas hacen que sea prácticamente imposible conocer todo el país. Hoy me gustaría trasladaros a Yogyakarta, denominada cariñosamente como Jogja por los indonesios.  Una ciudad de más de 3 millones y medio de habitantes situada en la isla de Java, la más poblada de Indonesia.

Perderse por la ciudad es toda una aventura. Me gustó descubrir sus calles y callejuelas repletas de tiendas, pasear entre su gente y saborear su cultura. En Malioboro, su calle principal, adquirí una camisa de estilo batik, no antes sin tener que regatear su precio, muy típico del país y característico por su estampado de colores. Camisa que usé en numerosas ocasiones durante mi estancia en Indonesia ya que es tradición para los indonesios llevar el batik los viernes. Incluso es muy habitual que cambien la corbata y la americana por esta tela estampada de colores cuando se tiene una reunión. Tradición que personalmente me encanta y que los identifica como país.

La provincia de Yogyakarta es gobernada por un sultán cuyo palacio, conocido como Kraton, se encuentra en el centro de la ciudad. En la actualidad, se ha convertido en una atracción turística en la cual se realizan actuaciones de danza tradicional javanesa. Recomendable para aquellos que os interese profundizar en su cultura.

La ciudad, como en la mayoría de ciudades de Indonesia, se caracteriza por su denso y caótico tráfico de coches y motos. Hace falta cierta paciencia si uno quiere moverse por la ciudad aunque hacerlo es todo menos aburrido ya que, cada cual más original. Allí no es nada extraño ver motos cargadas de paquetes dónde ni siquiera se visualiza al “ pobre “ conductor o bien motos cargadas con hasta 4 miembros de una familia. Para nosotros es algo sorprendente pero para ellos es algo de lo más habitual.

Después de pasar mi primera noche en la ciudad, tuve mucha curiosidad por conocer sus majestuosos templos, los cuales se encuentran a tan solo a unos pocos kilómetros de la ciudad, siendo un atractivo turístico que no defrauda a ninguno de sus visitantes. No quería esperar más así que madrugué para poner rumbo al templo más grande del mundo llamado Borobudur. Éste está situado en una colina de gran belleza y desde la cual se pueden observar unas vistas impresionantes a extensos campos de arroz, selva y volcanes todavía en actividad y a sus pies, unos grandes jardines que rodean este precioso templo.

Borobudur esta construido con roca volcánica y tiene forma de pirámide. Al entrar en su interior nos encontamos con una larga escalinata de unos 150 escalones aproximadamente los cuales nos llevan a 4 o 5 niveles, en los que encontramos esculturas y figuras de distintos tamaños y de gran belleza. En el último piso, encontramos decenas de campanas y estatuas de Buda que transmiten una inmensa sensación de tranquilidad. Eso, si no encuentras algún lugareño que interrumpa tus pensamientos para pedirte con una gran sonrisa una fotografía.

En mi recorrido no quise perderme otro de los templos más importantes y fascinantes de este país, y este no es otro que Prambanan, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, junto con el templo de Borobudur. En él, se encuentran más de 200 templos hindúes construidos todos ellos en honor a tres dioses de esta religión siendo el mayor templo hindú de Indonesia. Como curiosidad, contaros que todo aquel que visite los templos debe ponerse una prenda llamada Sarong, parecida a una falda que usan tanto hombres como mujeres.

Mi última aventura en este viaje fue la visita al Monte Merapi dónde se encuentra el volcán Merapi uno de los volcanes más activos del país y cuyo nombre significa Montaña de Fuego.  Llegué a la cima en jeep para ver la salida del sol. La experiencia fue de lo más divertida y es que, durante el recorrido no faltó algún que otro socavón que hizo sacarme más de una carcajada. Mientras amanecía, empecé a ver la silueta del volcán, su belleza y la crudeza en su paisaje que han ido dejando las erupciones a lo largo de los años.

Su última erupción fue en 2010 y aún se pueden ver restos de todo lo que se llevó la lava en tan solo 30 minutos. Pequeños poblados quedaron calcinados y 151 personas perdieron su vida. Impresiona ver esas casas vacías abandonadas llenas de historia.

Caminado por el Merapi uno percibe el calor de la tierra y es que este volcán, no deja de dar señales de que sigue activo. Recuerdo alzar mi mirada a su cráter y ver una pequeña humareda constante en él. Le pregunté al guía que me acompañaba por su actividad y me sorprendió su respuesta ya que el volcán suele entrar en erupción cada 10-15 años aproximadamente.

Yogyakarta es una ciudad llega de cultura que os recomiendo descubrir. En ella, pasé tres intensos días descubriendo su historia, su gente y una cultura, la javanesa. Ahora os animo a que la descubráis de primera mano.

Judith Bote

Judith Bote (Figueres, 1990) Me gradué en Administración y Dirección de Empresas y realicé un máster en Comercio Internacional y Mercados Emergentes. Tras vivir dos años en Yakarta (Indonesia) me considero una apasionada del Sudeste Asiático, sus paisajes y su cultura. Recién llegada a Kuala Lumpur (Malasia), espero transmitiros toda la belleza que esconde esta parte del globo. Os animo a que leáis Huellas Asiáticas, mi blog personal.

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