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El K-Pop, ¿algo nuevo bajo el sol?

Imagen del grupo Dal Shabet

Imagen del grupo Dal Shabet

El mundo  del K-Pop está de luto. La prometedora girlband de K-Pop Ladie’s Code perdía recientemente a dos de sus cinco miembros, a causa de un accidente de tráfico. El 3 de septiembre, el vehículo que transportaba al grupo chocó contra una barrera de contención en una autopista en Seúl. La cantante EunB, de 21 años, murió de manera inmediata. A los pocos días fallecía también RiSe, de 23 años y de origen japonés.

La comunidad mundial de fans lloró su pérdida en las redes sociales publicando numerosos mensajes de apoyo en Twitter. En poco tiempo consiguieron que el hashtag #RIPEunB, primero, y #RIPRiSe después, se convirtiera en trending topic mundial.

Mientras tanto, la agencia de talentos y productora musical de la banda, Polaris Entertainment,  veía cómo el single I’m fine, thank you alcanzaba el número uno en listas de éxitos como Melon, Genie, Monkey3 y Olleh. Y es que los muertos han demostrado ser muy rentables para el negocio. ¿También para la industria musical surcoreana?

Más conocida como K-Pop, esta industria engloba una nueva generación de artistas (boybands y ladybands, fundamentalmente) hip surcoreanos. Junto con el éxito de los dramas televisivos (como Jewel in the Palace y Winter Sonata) y ciertas películas, forma parte de un movimiento cultural más amplio: el Hallyu o la ola coreana, cuya influencia sin precedentes afecta tanto a la cultura nacional como a las relaciones internacionales de los países asiáticos.

Mucho antes de que el mundo entero bailara a lomos del Gangnam Style, el K-Pop era ya un negocio exitoso en el Sudeste asiático. Se creó para tal fin. Tal y como sostiene el sociólogo francés Frédéric Martel, todo surgió a mediados de los 90, cuando el entonces presidente surcoreano Kim Young-Sam mostró un informe sobre los ingresos de exportación de la película Jurassic Park. La cifra era igual a la venta de exportación de 1,5 millones de automóviles Hyundai. Así, el gobierno designó a la industria cultural como el motor de crecimiento futuro. Una estrategia de doble filo, que intentaría reducir el dominio de Hollywood en el mercado de medios de comunicación asiáticos y construir una identidad transnacional a través del consumo de la cultura popular de Corea.

En el negocio musical entraron en escena las agencias de gestión o talent agencies, que a golpe de audiciones multitudinarias seleccionan a los próximos idols. Posteriormente, los mezclan y moldean a su gusto en jornadas maratonianas de trabajo como parte de un proceso que dura unos tres años.Y finalmente llega el bombardeo mediático. Una gran inversión cuyo retorno económico se estima en unos dos mil millones de dólares. Pero cuyos beneficios se basan, fundamentalmente, en las exportaciones. ¿Cómo hacer llegar un producto de marcada identidad cultural al público extranjero?

 Las cover songs y los comebacks

 “Si quieres conquistar un mercado, cántalo en su idioma”. Una práctica tan antigua como fructífera. Desde Shakira, Juanes o Ricky Martin cantando en inglés, a la intentona de Jennifer López de hacerlo en castellano, responden a una estrategia de entrada en el mercado global. En Europa aún lloramos con el Se fue de Laura Paussini, y los transalpinos se preguntan “da che dipende?” gracias a la italianización de Jarabe de Palo.

Mientras tanto, todo el Sudeste asiático corea las canciones de la súper estrella surcoreana BoA. La reina del K-Pop por antonomasia, canta en japonés, en coreano y en inglés para su público de Hong Kong ,Singapur y Estados Unidos, donde tiene muchísimo éxito desde el 2008. También ha aprendido a cantar en mandarín.

Con Super Junior se amplió el concepto. Creados por la agencia SM Enterntainment en 2005, originalmente constaba de 12 miembros, que se subdividen en unidades menores para adaptarse al estilo e idioma de los países donde actúa. Hoy podemos verles chapurreando castellano para su público latino, donde ya arrasan.

Pero para enamorar a la juventud del otro lado del planeta no basta con cantar en su idioma. Hasta su público foráneo demanda “algo más”. Desde hace un tiempo, las girlbands re-editan sus “viejos éxitos” echándoles un poco de picante. Es el abandono del estilo kawai (mona) por el de sexy. AOA ganó popularidad popularidad al regresar con el concepto sexy de su canción Confused. Girl’s Day también iniciaron su carrera fomentando su lado cute, hasta que les llegó el éxito al volver con la versión “adulta” de uno de sus temas, Expectation.

Mientras el público se divide entre una u otro opción, parece que los idols lo tienen muy claro: “Todos los grupos de chicas vuelven con conceptos sexys porque el concepto lindo y cute ya no vende en Corea. Los idols hacemos lo que es más comercial – declaró Heechul de Super Junior recientemente en un programa de televisión nacional -. Yo también soy un idol, y un idol es como un producto. Nosotros, los productos, tenemos que coincidir con los gustos de los consumidores”.

Hoy, en Occidente, Miley Cyrus trata de escandalizar con sus videoclips y apariciones en programas. Como ya hiciera otra vieja gloria de la factoría Disney, Britney Spears. Justin Bieber abandona su lado angelical y abraza el lado oscuro de las pop-stars. Ya en los 60, la boyband más exitosa de la historia intercambiaba el “She loves you yeah, yeah, yeah” por un “Sie Liebt Dich, yeah, yeah, yeah“.

¿Algo nuevo bajo el sol surcoreano?

Co-fundadora de Espacio Redo. Educomunicadora y consultora de comunicación digital para el Tercer Sector. Investigadora independiente en cultura audiovisual digital.

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